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Son escasas las evidencias sobre el efecto que tiene la actividad física en los lípidos y en las lipoproteínas a lo largo de la vida. Este estudio analiza si existen cambios en el perfil lipídico y su relación con el ejercicio realizado a diferente edad.

Los datos, que se obtuvieron de forma prospectiva, proceden de 11.418 hombres, entre 20 y 90 años de edad, que no estaban diagnosticados al inicio de hipercolesterolemia, ni de hipertrigliceridemia, ni de otra patología sistémica. Se excluyeron los que presentaron durante el seguimiento enfermedad cardiovascular o cáncer. Se realizaron 43.821 visitas de seguimiento (entre 2 y 25 con una media de 3,5) entre los años 1970 y 2006. La capacidad física (CF) se cuantificó mediante una prueba de esfuerzo máxima en cinta, alcanzando en la prueba el 85% de la frecuencia máxima teórica. Todos los pacientes presentaban electrocardiograma normal en reposo y esfuerzo. Los individuos se clasificaron en CF baja (<33%), media (33%-66%) o alta (>66%) según la estandarizaron del resultado de la ergometría por el percentil teórico teniendo en cuenta la edad. Se utilizó un cuestionario para obtener información sobre variables que pudieran influir en los lípidos como la edad, el hábito tabáquico, el consume de alcohol, la actividad física habitual, el índice de masa corporal, la presencia de obesidad abdominal, la historia clínica familiar, entre otros indicadores.


Para el análisis se utilizó un modelo marginal para los datos lipídicos en las diferentes edades. Se realizó un segundo modelo con una ecuación de estimación con un coeficiente de regresión que identificaba la correlación entre los indicadores lipídicos con el ejercicio ajustado al resto de variables como el peso, tabaco, antecedentes, actividad física, etc.

Los niveles para establecer la presencia de dislipemia se establecieron: ≥200 mg/dl para colesterol total (CT); ≥130 mg/dl para LDL-C; ≥150 mg/dl en los triglicéridos (TG); <60 mg/dl en el HDL-C; ≥160 mg/dl para el colesterol no HDL-C y ≥3,0 para la relación TG/HDL-C.

El CT, el LDL-C y el no–HDL-C presentaron una forma en U invertida a lo largo de los años, con un gradual incremento hasta la mitad de la década de los 40, con una fase de meseta hasta el inicio de los 50 y un posterior descenso progresivo. Los niveles de TG mostraban una forma similar pero alcanzaban un nivel máximo más tardío (década de los 50). Únicamente el HDL-C cambiaba de forma lineal a lo largo de los años (aumento). Cuando se comparan los hombres con mayor CF frente a aquellos con baja CF, en los que mostraron menor CF los valores sobre el umbral establecido como dislipemia se alcanzaban a edades más tempranas. La forma física influía en el CT, en el LDL-C, en el non–HDL-C, y también en el coeficiente TG/HDL-C. Los resultados muestran que los valores alterados de LDL-C comienzan alrededor de los 30 años en varones con baja capacidad física y en torno a los 40 en los que la presentan mejor. Los individuos con baja CF presentaron valores de CT y LDL-C por encima del umbral de dislipemia sobre unos 15 años antes que aquellos con mayor CF. Una vez ajustado a las variaciones que se producen con la edad (mayor IMC, perímetro abdominal, etc.), se encontró una interacción significativa entre la edad y la CF en cada uno de los parámetros establecidos para la evaluación de los lípidos, indicando que la CF es capaz de modificar más los valores de los lípidos en personas jóvenes o de mediana edad que en los de edad avanzada.

Los investigadores concluyen que la diferente trayectoria de los lípidos y de las lipoproteínas con la edad en función de la CF en hombres sanos justifica que se deba promover la realización de ejercicio físico a cualquier edad, ya que puede ayudar a retrasar la aparición de dislipemia y por lo tanto de enfermedad cardiovascular.

Comentario

La dislipemia, entendida como un perfil lipídico desfavorable, juega un importante papel en el desarrollo de la enfermedad coronaria según números estudios epidemiológicos, primera causa de mortalidad en los países de nuestro entorno. La edad produce unos cambios en los lípidos desfavorables, aumentando el CT, el LDL-C, y los TG mientras que los cambios en el HDL-C no están claramente establecidos.

Existe evidencia de que la actividad física es un factor de riesgo modificable en la prevención de la dislipemia. Se estima que una actividad física regular puede reducir el valor de LDL-c entre 3 y 6 mgr/dl de media. Es conocido que la actividad aeróbica es capaz de reducir el LDL-C y el no–HDL-C, sin efecto sobre los TG. Sin embargo, hay escasa evidencia sobre del efecto de la actividad física en los lípidos y las lipoproteínas a diferentes edades.

El ejercicio físico mejora los lípidos y las lipoproteínas por un mecanismo basado en el incremento de la actividad de la lipoprotein lipasa en el músculo esquelético, provocando un aclaramiento superior de TG y un aumento de HDL-C junto con un aumento del transporte hacia el hígado de las lipoproteínas.

Este trabajo se ha realizado exclusivamente en varones, los autores lo justifican en su intención de evitar las variaciones hormonales propias y su influencia en los lípidos, pero los resultados del beneficio obtenido de la actividad física en el perfil lípido en hombres, a mi entender, sería superponible en mujeres. En este estudio existe una variación en la influencia del ejercicio físico en los lípidos y en las lipoproteínas según la edad, siendo especialmente influyente en los varones jóvenes y en los de mediana edad, por otra parte, resulta ser menor la influencia detectada en edades avanzadas, aunque siempre estaba presente el efecto beneficioso de una mejor preparación física. Una mejor CF fue un factor protector frente a la dislipemia, especialmente entre los 20 y los 60 años. En consecuencia, cualquier individuo que consiga una mejor CF puede retrasar el momento en el que alcance el umbral considerado de dislipemia y disminuye 'la carga lípídica' total a lo largo de la vida. Estos resultados surgen en un momento en que se encuentra en auge en la comunidad médica la 'teoría lipídica', apoyando que en la prevención y progresión de la enfermedad cardiovascular, cuanto más bajo esté el colesterol es mejor. Por lo tanto, la lectura de este estudio nos recuerda la necesidad de incorporar unos hábitos de ejercicio físico regular en toda la población. Es primordial el papel que juegan las instituciones, las autoridades sanitarias y de educación.

Los profesionales sanitarios tenemos un papel directo en la concienciación de nuestros pacientes en la realización de ejercicio físico, pero también tenemos responsabilidad en difundir estos mensajes científicos de apoyo a la actividad física. Entre todos, tenemos que conseguir incorporar hábitos de ejercicio regular a edades tempranas y potenciar las condiciones e infraestructuras necesarias para que se pueda seguir con la actividad física como una 'necesidad para la salud' de por vida.

Referencia

The Effect of Cardiorespiratory Fitness on Age-related Lipids and Lipoproteins

  • Yong-Moon Mark Park, Xuemei Sui, Junxiu Liu, Haiming Zhou, Peter F. Kokkinos, Carl J. Lavie, James W. Hardin, Steven N. Blair.
  • J Am Coll Cardiol. 2015;65(19):2091-2100.

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