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Estudio publicado en el Journal of the American College of Cardiology, donde se comprueba que el aumento de la actividad física se relaciona con una reducción del riesgo de mortalidad en pacientes con cardiopatía coronaria estable.

Para ello analizaron datos de 15.486 personas (edad media: 65 años, 19% mujeres) con enfermedad coronaria crónica estable del ensayo STABILITY que cumplimentaron un cuestionario de estilo de vida sobre actividad física, basado en el International Physical Activity Questionnaire. Se empleó el ABC-CHD risk score (Age, Biomarkers, Clinical-Coronary Heart Disease), que estima el riesgo de muerte cardiovascular basado en el N-terminal pro-B-type péptido natriurético, en la troponina T de alta sensibilidad, el colesterol-LDL, y factores de riesgo cardiovascular: tabaquismo, diabetes mellitus y enfermedad arterial periférica.

Las actuales guías de práctica clínica para la prevención de la enfermedad cardiovascular recomiendan la realización de más de 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada o más de 60-75 minutos de ejercicio vigoroso cada semana. Las directrices sobre la prevención secundaria de la enfermedad coronaria estable han recomendado niveles similares de ejercicio moderado o vigoroso realizado de forma regular y habitual.

Pocos estudios han evaluado los beneficios potenciales del ejercicio de menor intensidad en las poblaciones de enfermedad coronaria estable, aunque varios han evaluado ejercicios más vigorosos. Se sabe que los corredores con antecedentes de infarto de miocardio tienen menor mortalidad que los que no practican deporte, pero también se ha descrito que en caso de intensos y prolongados entrenamientos puede aumentar el riesgo cardiovascular. Diferentes ensayos clínicos aleatorizados sugieren que el aumento de la actividad física disminuye el riesgo cardiovascular después de padecer un infarto de miocardio.

En este estudio neozelandés se analizaron las relaciones entre la cantidad de actividad física leve, moderada y vigorosa evaluada por el cuestionario mencionado y la posterior mortalidad por todas las causas, la mortalidad cardiovascular, la mortalidad no cardiovascular, el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular en una gran cohorte de pacientes con cardiopatía coronaria estable que participaron en el ensayo STABILITY (Stabilization of Atherosclerotic Plaque by Initiation of Darapladib Therapy). STABILITY fue un ensayo diseñado para determinar si el darapladib, un inhibidor específico de la fosfolipasa A2 asociada a la lipoproteína, reduciría el riesgo de muerte cardiovascular, el infarto de miocardio y los accidentes cerebrovasculares en pacientes con enfermedad coronaria crónica. Los pacientes procedían de 39 países (n=15.828) y fueron asignados al azar. Todos los pacientes tenían cardiopatía coronaria crónica estable, definida como infarto de miocardio previo (>1 mes antes de la asignación al azar), intervencionismo coronario percutáneo previo, cirugía de bypass coronario (CABG) o enfermedad coronaria multivaso confirmada por angiografía coronaria. El seguimiento medio fue de 3,7 años.

Los participantes que indicaron mayor ejercicio tuvieron una disminución gradual en la mortalidad tanto cardiovascular como no cardiovascular, que fue más marcada en los niveles de ejercicio más bajos en comparación con los niveles más altos. Los pacientes que duplicaron el volumen de ejercicio tuvieron una tasa reducida de mortalidad por todas las causas (HR=0,82; intervalo de confianza del 95%: 0,79-0,85), que fue similar después de ajustar las covariables (HR=0,90; Intervalo de confianza del 95%: 0,87-0,93). La duplicación del volumen de ejercicio también redujo la incidencia de eventos cardiovasculares (HR=0,83, Intervalo de confianza del 95%, 0,8-0,87, HR=0,92, IC del 95%, 0,88-0,96). El riesgo de infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular no se asoció con el volumen de ejercicio después de ajustar las covariables. Los pacientes de mayor riesgo según la puntuación de riesgo ABC-CHD (Age, Biomarkers, Clinical-Coronary Heart Disease risk score) presentaron una asociación más fuerte entre una mayor actividad física y una menor mortalidad (p=0,0007).

Los autores concluyen que:

  1. En personas sedentarias con coronariopatía crónica estable, la realización habitual de ejercicio de intensidad leve o moderada puede tener sustanciales beneficios para la salud.
  2. Las personas que ya realizan habitualmente una actividad física moderada o vigorosa pueden beneficiarse menos con el aumento de la actividad física.
  3. A nivel poblacional, es probable que los mayores beneficios para la salud se obtengan en personas sedentarias con aumentos moderados en el ejercicio, especialmente aquellos individuos que tienen un mayor riesgo de eventos adversos y en aquellos con angina de esfuerzo y disnea. 
  4. La baja actividad física puede reflejar una situación de “mala salud”, por lo que se necesitan ensayos clínicos aleatorios para confirmar que el aumento de la actividad física también reduce la mortalidad.

Comentario

Hoy en día muy pocos dudan que practicar ejercicio de forma habitual y regular tiene un efecto protector contra las enfermedades cardiovasculares. En este importante estudio neozelandés, aunque con limitaciones tal y como se indica en el artículo, presenta nuevamente la asociación entre realización de ejercicio y reducción de mortalidad. Recientemente se han publicado resultados de otro gran estudio (the PURE study, The Lancet, sept 2017) en más de 130.000 personas de 19 países con diferentes estructuras socio-económicas y sin enfermedad cardiovascular previa, que pone de relieve que la práctica de ejercicio, tanto de forma recreativa como no recreativa, se asocia con un menor riesgo de mortalidad y a un menor número de episodios de enfermedad cardiovascular en países de diferentes niveles económicos.

El trabajo analizado tiene importancia porque las actuales recomendaciones para la actividad física en pacientes con cardiopatía coronaria estable se basan en una evidencia modesta. Los mayores beneficios para la salud se aprecian en personas coronarias sedentarias con pequeños aumentos en el ejercicio, principalmente en aquellos que tienen un mayor riesgo de eventos adversos y con angina de esfuerzo y disnea. Hay que remarcar que los pacientes del ensayo STABILITY realizaron principalmente una actividad física de baja a moderada intensidad, y esto es importante porque la realización de ejercicio con una intensidad vigorosa aumenta transitoriamente el riesgo de muerte súbita cardíaca, especialmente en pacientes coronarios previamente inactivos.

Así pues, este estudio demuestra que en los pacientes con enfermedad coronaria estable la realización de una mayor actividad física se asoció con menor mortalidad, apreciándose los máximos beneficios entre los pacientes sedentarios y aquellos con mayor riesgo de mortalidad.

Referencia

Physical Activity and Mortality in Patients With Stable Coronary Heart Disease

  • Stewart, et al. 
  • J Am Coll Cardiol 2017;70:1689-700.

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