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Se estima que la incidencia de muerte súbita durante la práctica deportiva es de aproximadamente 2 casos por cada 100.000 deportistas. A pesar de su baja incidencia, es un problema sociosanitario de gran impacto, de ahí la importancia no solo de imponer medidas de screening previas a la participación en actividades deportivas sino también determinar qué pruebas básicas incorporar en este proceso de cribado.

En un trabajo firmado por los doctores Gonzalo Grazioli, Josep Brugada y Marta Sitges, del Instituto Cardiovascular del Hospital Clínic de Barcelona, se han evaluado los distintos puntos que componen el screening pre-participativo (PPS, en inglés) en una cohorte de deportistas competitivos adolescentes.

En concreto, se han estudiado deportistas de competición, entre 12 y 18 años, incluidos en un programa de alto rendimiento deportivo. La revisión cardiológica realizada a todos incluyó historia y exploración física (cuestionario AHA 12 puntos), ECG, ecocardiograma 2D y prueba de esfuerzo. Se concluye que el ECG y el ecocardiograma son los puntos del screening que resultan más útiles para detectar deportistas susceptibles de muerte súbita, mientras que la historia y el examen físico muestran una baja sensibilidad y un elevado número de falsos positivos.

Una estrategia eficaz

Como recuerda el Dr. Grazioli, "el uso del ECG se encuentra aprobado desde hace tiempo como estrategia para la identificación de casos susceptibles de sufrir una muerte súbita". Más escasa es la evidencia científica en relación con el ecocardiograma, aunque "la adicción de este estudio no invasivo al screening pre-participativo ajustado al costo del estudio en nuestro país es una medida coste-efectiva", afirma.

De lo que no parece haber dudas es de la utilidad que tiene el screening pre-participativo en deportistas para disminuir la incidencia de muerte súbita durante la práctica deportiva.

La evidencia científica se basa en el estudio italiano de cohorte, con seguimiento durante 20 años a más de 42.000 deportistas, que ha demostrado mediante la identificación de los individuos susceptibles a sufrir una muerte súbita mientras se realiza deporte, constituye una estrategia útil de prevención utilizando el screening pre-participativo. De hecho, la Sociedad Europea de Cardiología decidió recomendarlo a partir del año 2005.

"Cuando examinamos deportistas encontramos en ocasiones patología de base que puede tener relación con la muerte súbita; por lo tanto, a pesar de que la evidencia científica es limitada para demostrar el coste-eficacia de los programas de screening, probablemente a nivel individual es una estrategia eficiente", opina el Dr. Grazioli.

¿A quién y con qué?

Eso sí, para optimizar el balance de costes y beneficios, es fundamental seleccionar bien a quién realizar este screening. Para el Dr. Grazioli, "debería de implementarse en todas las personas que hagan un deporte que requiera una actividad física superior a 6 METs (es decir, un esfuerzo mayor que caminar)", independientemente de que sea una práctica deportiva organizada o informal, espontánea o estructurada para la competencia.

Respecto a las pruebas que debería incorporar este screening, dependerá mucho del tipo de deportista. En los deportistas recreativos está recomendada la realización de una historia familiar y personal, examen físico y ECG (revisión básica); en los competitivos o aquellos que realizan deportes de riesgo o máxima exigencia física (Mitchell IIIC), se aconseja añadir a la revisión básica el ecocardiograma Doppler y la prueba de esfuerzo (revisión avanzada).

En general, según la apreción del Dr. Grazioli, "en España existe cada vez una mayor conciencia sobre la utilidad del screening, y se apuesta más por incorporar estas medidas en el ámbito deportivo", aunque aún quedan cosas por mejorar, como por ejemplo "en la formación médica, la estandarización de los protocolos de screening entre comunidades, y la evaluación de los datos de seguimiento y de costo eficacia", asegura.