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Habitualmente, el consumo frecuente y excesivo de alcohol se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar fibrilación auricular (FA). Sin embargo, esta evidencia contrastada podría admitir matices, sobre todo si ese consumo de alcohol es moderado y está basado en bebidas fermentadas, como el vino o la cerveza. Es más, se podrían obtener ciertas ventajas cardioprotectoras de este consumo alcohólico controlado y seleccionado.

Estas reflexiones surgen a partir de un estudio, presentado en este foro por el Dr. Pablo Bazal Chacón, del Complejo Hospitalario de Navarra (Pamplona). El trabajo, que también tiene entre otros firmantes a los doctores Luis Fernando Arós y Miguel Ruiz-Canela, que pertenecen al Ciber de obesidad y nutrición. El estudio se ha coordinado en el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Publica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y ha analizado la asociación entre el consumo de los diversos tipos de bebidas alcohólicas y el riesgo de FA en participantes del estudio PREDIMED. En este estudio un criterio de exclusión fue tener un consumo problemático de alcohol (ingerían fundamentalmente bebidas fermentadas y en cantidades moderadas).

Tras evaluar a 6.627 hombres y mujeres de alto riesgo cardiovascular (55 y 80 años), se concluyó que el consumo moderado de bebidas fermentadas, como el vino o la cerveza, no se asociaba con un mayor riesgo de FA en una población mediterránea. Además, como llaman la atención los firmantes del trabajo, "se deben tener en cuenta los efectos beneficiosos de este consumo en la prevención de otras enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio o la insuficiencia cardiaca". Con este conocimiento, afirman, "se puede recomendar que se siga un consumo moderado de alcohol, especialmente una copa de vino en la comida, en las personas adultas mayores".

Moderación y bebidas adecuadas

Esta evidencia aclara un poco más el grado de asociación que existe entre el alcohol y el riesgo de FA, ya que era sobradamente conocida la vinculación entre el consumo excesivo y el incremento exponencial en las posibilidades de aparición de esta arritmia cardiaca, un riesgo que es especialmente alto cuando se trata de un consumo abusivo episódico o “binge drinking” (que equivaldría a consumir 5 bebidas en una ocasión).

Un metaanálisis con 7 estudios prospectivos, publicado en 2014, encontró una relación dosis-respuesta entre el consumo de alcohol y el riesgo de FA. Sin embargo, la cuestión sobre el riesgo asociado a un consumo bajo (1-2 bebidas al día) no quedó definitivamente zanjada.

Por otra parte, se sabía que las bebidas destiladas pueden también suponer un mayor riesgo de FA. Sin embargo, no existía una clara evidencia sobre el riesgo asociado a un consumo moderado de bebidas fermentadas, como el vino o la cerveza. Para el Dr. Bazal, "esto resultaba de especial interés en una población de alto riesgo cardiovascular, que puede verse beneficiada por un consumo moderado de alcohol en el contexto de una dieta mediterránea, dado que se conoce su efecto protector sobre otras enfermedades cardiovasculares".

A tenor de los resultados obtenidos, se está planteando valorar la asociación entre un patrón mediterráneo de consumo de alcohol y el riesgo de FA. Además, se van a analizar estas asociaciones en el estudio SUN (Seguimiento Universidad de Navarra), que incluye una población más joven y de menor riesgo cardiovascular que la incorporada en el estudio PREDIMED.