El desfibrilador automático implantable (DAI) se ha establecido en los últimos años como una terapia efectiva en pacientes que han sufrido arritmias ventriculares malignas y en aquellos en alto riesgo de presentarlas. La evaluación de su efectividad en diversas poblaciones de pacientes incluidos en variados estudios prospectivos multicéntricos y aleatorizados, ha dado robustez a su utilización y ha hecho crecer considerablemente el número de implantes.

El desfibrilador implantable representa una herramienta terapéutica de indudable valor en pacientes que han sufrido o están en alto riesgo de sufrir arritmias ventriculares malignas. Pese a que el dispositivo puede programarse para tratar muchas de las arritmias ventriculares mediante estimulación antitaquicardia, lo que resulta en un marcado beneficio para el paciente tanto en su calidad de vida como en la preservación de batería del dispositivo, los choques o descargas de alta energía representan la forma más eficaz y en ocasiones la única válida, para tratar algunas de estas arritmias ventriculares.

El desarrollo de las técnicas de ablación con catéter endocárdica percutánea de la fibrilación auricular, surgió en gran medida teniendo en cuenta la alta efectividad de las técnicas quirúrgicas sobre la aurícula izquierda en determinadas poblaciones de pacientes sometidos a procedimientos de cirugía cardiaca abierta. Los avances en el conocimiento de la fisiopatología de la fibrilación auricular, en las técnicas y en las herramientas de la ablación con catéter de esta arritmia, han mejorado considerablemente los resultados iniciales y han permitido flexibilizar el perfil de pacientes que potencialmente pueden beneficiarse de estos procedimientos, sin la necesidad de someter al paciente a la morbilidad propia de una intervención de cirugía cardiaca abierta.

El diagnóstico del S. de Brugada se basa en un patrón ECG característico, que puede manifestarse como tipo 2 ó 3, diferente del patrón de bloqueo incompleto de rama derecha (BIRDHH), presente en un 3% de la población. Para ello analizan 38 pacientes con patrón de Brugada tipo 2 ó 3 en los que, previo a la realización de test de provocación farmacológica, analizan en V1 y/o V2 dos ángulos diferentes: 1) α: entre una línea vertical y la rama descendente de la onda r’ y 2) β: entre la porción ascendente de la onda S y la descendente de la onda r’. V1 y V2 fueron colocadas en la posición estándar en 4º espacio intercostal y para el análisis se promediaron 3 latidos.

La ocurrencia de lesiones cerebrales identificables con técnicas de imagen pese a ser mayoritariamente asintomáticas, es algo bien conocido tras la realización de diversas técnicas diagnósticas o terapéuticas invasivas en cardiología. Dicho problema, en relación con la ablación de la fibrilación auricular, ha adquirido especial interés tras la publicación en este último año de varias series que informan de una incidencia de dichas lesiones embólicas cerebrales que puede llegar al 40% de los pacientes.

Recientemente han sido publicadas nuevas guías clínicas para el manejo de la Fibrilación Auricular (FA) por parte de la American College of Cardiology Foundation/American Heart Association, and Heart Rhythm Society (ACCF/AHA/HRS-diciembre 2010, con una actualización sobre Dabigatran en feb-2011), la Canadian Cardiovascular Society (CCS-febrero 2011), y la European Society of Cardiology (ESC-agosto 2010). A pesar de referirse a los mismos datos científicos y estar de acuerdo en la mayoría de las recomendaciones de manejo de FA, existen algunas diferencias significativas.

Dado que más de un 30% de pacientes sometidos a ablación de venas pulmonares (vvpp) presentan recurrencia de FA que requiere de un segundo procedimiento, y que en la mayoría de los casos se evidencia recuperación de la conducción venosa, se han buscado diferentes marcadores que, en el primer procedimiento, pudieran predecir dicha recuperación de conducción. Uno de ellos es la adenosina IV.

En pacientes portadores de desfibriladores implantables, una adecuada programación del dispositivo muy ceñida a las características propias de cada paciente, en cuanto a su historia de cardiopatía, necesidad de estimulación, arritmias previas etc, permite minimizar la necesidad de terapias del desfibrilador que en muchos casos son inapropiadas o innecesarias.