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La raza condiciona el riesgo cardiovascular

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La Sociedad Española de Cardiología (SEC) destaca que, según diversos estudios, la raza y la etnia a la que pertenecemos influye en nuestra salud cardiovascular.

Así, el estudio “Ethnic differences in one year mortality among patients hospitalised with heart failure” elaborado por el Departamento de Medicina de la Universidad de Alberta en Edmonoton, Canadá, ha demostrado que al año de haber sido hospitalizados por fallo cardiaco, existía una diferencia sustancial en las probabilidades de fallecer según la raza del paciente. Así, los individuos de raza asiática tenían un 38,7% de probabilidades de fallecer frente al 31% de las probabilidades de los de raza blanca durante el mismo periodo de tiempo.

La British Heart Foundation también ha realizado un amplio trabajo en el que ha analizado las diferencias en la prevalencia y la mortalidad por enfermedad cardiovascular entre la población británica según su origen étnico, enfocándose principalmente en las personas surasiáticas y las afrocaribeñas.

“Hace ya algunos años que se han demostrado diferencias en la incidencia de la enfermedad cardiovascular según la raza. En un principio se creía que estas diferencias se debían a hábitos de vida y a cuestiones ambientales, factores que aunque sí que influyen, también se ven afectados por la genética de las personas”, destaca el Dr. José Ramón González-Juanatey, presidente electo de la SEC.

Una de los datos que revela el estudio es que los ciudadanos británicos de origen surasiático tienen un 50% más de probabilidades de fallecer por enfermedad cardiovascular que los de origen europeo. Este hecho se debe a que estas personas tienen los vasos coronarios más pequeños que los europeos, triplicando el desarrollo de trombos y favoreciendo, así, la aparición de arterioesclerosis. “También se ha demostrado que, como consecuencia del menor tamaño de los vasos sanguíneos, tenemos mayor dificultad en tratarles con técnicas como la angioplastia (procedimiento que consiste en introducir un balón para dilatar una arteria ocluida, total o parcialmente, con el fin de restaurar el flujo sanguíneo, obstruido por placas de colesterol y/o trombo)”, explica el Dr. González-Juanatey.

Por su parte, y según desvela la British Heart Foundation, aunque los afrocaribeños tienen hasta entre un 1,5 y un 2,5 más de probabilidades que la población general de padecer infartos. “Aunque, en general, los individuos de raza negra sufren menos enfermedad cardiovascular que los caucásicos o los asiáticos, la incidencia en cardiopatía isquémica es muy superior. Esto se debe a que tienen una mayor predisposición a sufrir hipertensión lo que favorece la arterioesclerosis. Se calcula, que de media, los hombres tienen 6 mm Hg más de presión sistólica en reposo que sus homólogos blancos, y que las mujeres tienen hasta 17 mm Hg, lo que las sitúa como el grupo poblacional de mayor riesgo”, afirma el doctor. “Aún así, se ha demostrado que los individuos de raza negra tienen una mayor supervivencia tras el infarto que los de raza blanca”.

Estudios epidemiológicos también han demostrado que tanto las personas de raza negra como los de raza asiática tienen tendencia a sufrir el denominado síndrome de resistencia a la insulina, en el que ésta deja de realizar su función y favorece la aparición de obesidad abdominal y dislipidemia, factor que también explicaría la mayor incidencia de enfermedad cardiovascular en estas personas.

“Es muy importante que todos los cardiólogos tengamos presentes las diferencias étnicas y culturales de nuestros pacientes. Así, deberemos prestar atención no solo a las diferencias fisiológicas ya comentadas, sino también a que las personas asiáticas tienen tendencia a un mayor consumo de sal, lo que favorece el desarrollo de hipertensión, y a que las personas de raza negra aceptan mejor el tratamiento antihipertensivo basado en diuréticos en lugar de en bloqueadores de la enzima convertidora de la angiotensina”, recomienda el Dr. González-Juanatey.