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Las personas a quienes se diagnostica una patología pueden presentar secuelas crónicas. Estas secuelas, así como el tratamiento de las mismas, pueden reducir la calidad de vida de estas personas.

En este sentido, un estudio publicado en el último número de Revista Española de Cardiología (REC) ha querido cuantificar la carga de enfermedad de la cardiopatía isquémica en España en 2008 mediante el cálculo de los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) que provoca esta patología. La Dra. Nerea Fernández de Larrea, epidemióloga y una de las firmante del estudio, explica que, "el objetivo del trabajo fue cuantificar la pérdida de salud derivada de la cardiopatía isquémica teniendo en cuenta tanto la mortalidad como la discapacidad que origina, entendida la discapacidad como la pérdida de salud que supone para el enfermo".

Tomando como referencia las consecuencias mortales y las no mortales de la enfermedad, se concluyó que se pierden al año 11,8 años de vida sana por cada mil habitantes, una tasa que aumenta con la edad. La mayor parte de esta pérdida corresponde a años de vida perdidos por mortalidad prematura (más del 90% del total de años de vida ajustados por discapacidad). Este resultado concuerda con los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que muestran que en 2013, las enfermedades cardiovasculares se sitúan como primera causa de muerte en nuestro país (30,1%), y dentro de estas, la cardiopatía isquémica es la más frecuente. Ante este dato, la Dra. Fernández de Larrea afirma que, "la mortalidad por cardiopatía isquémica es consecuencia, por una parte, de los episodios agudos, y por otra, de la mortalidad asociada a sus secuelas como la insuficiencia cardiaca". Los resultados del Estudio de Carga Global de Enfermedad de 2013, liderado por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington, también resaltan la importancia de la cardiopatía isquémica, que se sitúa como la segunda patología que ocasiona mayor porcentaje de años de vida ajustados por discapacidad en los países de Europa Occidental.

A pesar de tener un peso menor que la mortalidad prematura, la discapacidad derivada de la cardiopatía isquémica tiene un impacto relevante en la salud poblacional. Más concretamente, y distinguiendo el tipo de afección cardiaca, la insuficiencia cardiaca es la responsable del 83% de esta discapacidad, mientras que la angina estable supone el 15% y el síndrome coronario agudo, el 2% restante. "El predominio de la insuficiencia cardiaca como responsable de la discapacidad originada por la cardiopatía isquémica viene dado principalmente por la elevada prevalencia de esta secuela, siendo la isquemia cardiaca la principal causa de insuficiencia cardiaca en nuestro medio. Por otro lado, nuestros cálculos podrían conllevar cierta infraestimación de la discapacidad asociada a la angina estable, lo cual también contribuiría al elevado porcentaje de discapacidad atribuido a la insuficiencia cardiaca", matiza la epidemióloga. La insuficiencia cardiaca se considera la primera causa de hospitalización en mayores de 65 años y una de las patologías que mayor carga asistencial comporta. Para reducir las pérdidas de salud en la población debidas a la insuficiencia cardiaca de origen isquémico, la Dra. Fernández de Larrea considera que, "es importante adquirir estilos de vida saludables que contribuyan a evitar la aparición de la enfermedad y sus secuelas, así como la aparición de nuevos episodios que puedan agravar la enfermedad y afectar al bienestar del paciente".

Prevenir, el primer paso

Para reducir la carga de la cardiopatía isquémica, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) considera que la prevención primaria de la isquemia cardiaca juega un papel fundamental para evitar casos nuevos. Por ello, es necesario adquirir buenos hábitos de vida desde las edades más jóvenes y mantenerlas a lo largo de la vida para poder prevenir muchas de las patologías cardiovasculares en el futuro.

Así, es importante controlar los factores de riesgo cardiovascular responsables del desarrollo de la cardiopatía isquémica como la diabetes, la hipertensión arterial, la dislipemia y la obesidad, además de seguir una dieta mediterránea, realizar ejercicio físico y no adquirir o abandonar el hábito tabáquico. Junto a estas medidas también son importantes todas aquellas encaminadas a diagnosticar y tratar precozmente la enfermedad, potenciando la educación de la población a la hora de identificar posibles síntomas y signos patológicos precoces. "Tampoco debemos olvidar la prevención secundaria y terciaria, principalmente a través de un buen control de los factores de riesgo cardiovascular y de los programas de rehabilitación cardiaca, que parecen mejorar el pronóstico de estos enfermos", concreta la experta.

Por otro lado, desde el sistema sanitario, es necesaria una adecuada coordinación entre los diferentes ámbitos y profesionales sanitarios implicados en la atención de los enfermos con patologías cardiovasculares, tanto en la atención de los episodios agudos como en la atención de la cronicidad. En este sentido, se han hecho notables avances en los últimos años. Ejemplos de ello son la implantación de procesos coordinados entre distintos ámbitos asistenciales para el tratamiento precoz de esta patología, como el Código Infarto y de los Programas de Rehabilitación Cardiaca.