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Las guías europeas de hipercolesterolemia recomiendan que el colesterol LDL de los pacientes de muy alto riesgo debe ser inferior a 70 mg/dl. Sin embargo, es un criterio que cumple menos del 30% de los pacientes con enfermedad coronaria, tal y como pone de manifiesto el estudio REPAR (Registro Español sobre el control lipídico en Pacientes de muy Alto Riesgo, recién publicado en la revista de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), Revista Española de Cardiología (REC).

En este trabajo observacional, prospectivo, multicéntrico y nacional, con 1.103 pacientes con enfermedad coronaria estable, se ha comprobado que, a pesar de existir un mal control del perfil lipídico en estos casos, ya que solo un 26% presentaba el LDL <70 mg/ml, en un 70% de los casos el médico no realiza ningún cambio en el tratamiento a pesar del mal resultado en los niveles de colesterol del paciente.

“Estos resultados son preocupantes porque estos pacientes ya tienen enfermedad establecida, por lo que se encuentran en prevención secundaria, y hay suficiente evidencia científica sobre las estrategias de reducción del cLDL, asociadas a una reducción significativa de la morbimortalidad coronaria. En concreto, con cada reducción de 40mg del cLDL se reduce un 20% el riesgo de cualquier evento cardiovascular”, explica el Dr. Enrique Galve, miembro de la Sociedad Española de Cardiología, jefe del Servicio de la Unidad de Insuficiencia Cardiaca del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona y primer firmante de este artículo.

Entre los factores asociados a un control del cLDL <70 mg/ml se encontraba en primer lugar el uso de tratamiento hipolipemiante de alta potencia, y también se registró mejor control en los pacientes diabéticos, los sujetos con buenos hábitos de dieta y ejercicio y los que presentaban una frecuencia cardiaca más baja y mejor control de la presión arterial.

En este sentido, uno de los datos destacados del estudio es que solo un 45% de los pacientes reciben tratamientos hipolipemiantes de alta potencia, por lo que se observa un amplio margen de mejora hacia estrategias que fomenten un aumento de las dosis, el empleo de combinaciones de fármacos y, sobre todo, la superación de la inercia terapéutica.

¿Qué motivos provocan esta inercia en la prescripción, que mantiene al paciente coronario con mal control lipídico? Como destaca el Dr. Galve, “entre los principales se encuentran la falta de conocimiento, y sobre todo la falta de acuerdo con las nuevas guías de práctica clínica, una sobreestimación por parte de los médicos de los pacientes que tienen bien controlados, una focalización excesiva a la fase aguda de la enfermedad, en la que circunstancialmente disminuyen los niveles de LDL, la falta de hábito en el uso de combinaciones para el tratamiento de la dislipemia o el temor a los efectos secundarios de las estatinas”. Sin embargo, como subraya el experto, “los efectos adversos irreversibles asociados a estos fármacos son totalmente excepcionales, por lo que ese temor no está justificado”.

Otra de las causas que se nombran son la sobrecarga asistencial, si bien otros estudios que han analizado si este factor afecta al control del colesterol no han encontrado correlación directa, así como la priorización de uso de fármacos genéricos de menor potencia por parte del sistema sanitario.

El c-LDL no es solo un “marcador” de enfermedad coronaria, sino que es el elemento causal de la aterosclerosis, la lesión básica que obstruye los vasos coronarios dando lugar finalmente a la angina de pecho y al infarto de miocardio. “Todos los estudios científicos indican que “cuanto más bajo, mejor” y aún no se ha encontrado que descensos importantes del colesterol se asocien a efectos secundarios adversos”, concluye el Dr. Galve.