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Congreso SEC Enfermería, un colectivo esencial en el implante de dispositivos de monitorización cardiaca

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Los dispositivos de monitorización cardiaca están indicados en aquellos pacientes con síncopes de repetición y/o palpitaciones que no han podido ser registrados por otros procedimientos, o para detección de fibrilación auricular o seguimiento tras ablación de la misma. El personal de enfermería tiene un papel importante en este campo, desde la preparación e información al paciente al seguimiento del dispositivo, pasando por el implante.

El e-Congreso SEC 2020 de la Salud Cardiovascular ha dedicado una sesión a las consideraciones prácticas y legales del implante de estos dispositivos por parte del personal de enfermería de arritmias. Sobre este asunto, Mercè Fontanals Fernández recuerda que, como en cualquier otro procedimiento diagnóstico o terapéutico invasor, “la legislación actual contempla la existencia de un consentimiento informado por escrito dentro de los derechos del paciente”. Este documento debe ser leído y firmado por el paciente y debe recoger las consecuencias derivadas del procedimiento, las alternativas diagnósticas, así como los riesgos y contraindicaciones. “El paciente tiene también derecho a preguntar todas las cuestiones que desee antes del procedimiento y se le debe dar respuesta a todas ellas”, añade Fontanals.

Implante y complicaciones

El personal de enfermería juega un papel relevante también en el momento del implante, aunque su implicación varía en función del tipo de centro y la política que se siga en cuanto a roles profesionales. Como indica Fontanals, “en la mayoría de centros, enfermería prepara al paciente periprocedimiento, procura todos los elementos necesarios para la preparación del campo estéril, se ocupa del control de la asepsia durante el implante y asiste al médico implantador, habitualmente cardiólogo”. Sin embargo, en otros hospitales se está apostando ya por que el personal de enfermería, debidamente entrenado y con supervisión médica, sea el implantador.

Las complicaciones ante este tipo de procedimientos son raras, pero no inexistentes, y también enfermería puede preverlas por la atención holística que realizada al paciente ya desde antes del implante.

Respecto al sangrado, Mercè Fontanals indica que es importante tener en cuenta el tratamiento farmacológico que el paciente esté siguiendo para evitar esta complicación. “En la programación del paciente se deberá tener en cuenta la toma de anticoagulantes o antiagregantes y la indicación de los mismos”, detalla. Y es que, a pesar de ser una técnica subcutánea, en función de las dosis de estos fármacos puede haber una respuesta no deseada.

Para evitar las reacciones vasovagales, Fontanals resalta la importancia de monitorizar al paciente, ya que “una hipotensión, una bradicardia repentina o una sudoración profusa pueden ser indicadores de una reacción vagal”. La enfermera también remarca el control visual del paciente y la necesidad de ir preguntándole por su estado general. Esta reacción suele resolverse con la administración de sueroterapia y, “aunque no hay consenso establecido sobre la inserción de vía periférica venosa, suele ser una medida sencilla y rápida para resolver la situación”.

Las infecciones son prácticamente inexistentes porque enfermería atiene en todo momento al mantenimiento de la esterilidad del campo y a la correcta preparación del paciente. Por otro lado, la externalización del dispositivo es posible, pero raramente se da. “En este caso, el paciente notifica el evento y en la consulta, en función de diversos factores, se decide si reimplantar otro dispositivo o no”, señala la enfermera.

Seguimiento de los dispositivos

Los dispositivos de monitorización cardiaca actuales tienen una durabilidad de entre 2 y 4 años, según fabricante, y los cuidados de la herida son mínimos, de forma que no suelen requerir seguimiento ambulatorio.

En cuanto al seguimiento de los dispositivos, Fontanals explica que los fabricantes de los mismos ofrecen la posibilidad de facilitar al paciente un comunicador para poder realizar seguimiento remoto (SR), e incluso más recientemente se ofrece la opción de que estas transmisiones sean a través de una aplicación móvil.

“Esta alternativa es muy atractiva, ya que permite visualizar los registros del dispositivo con la periodicidad deseada desde la clínica a través del ordenador, o en caso de que el paciente contacte con el centro por presentar síntomas. Esto hace que las visitas presenciales no sean necesarias, y solo se realicen ante la detección de algún evento detectado a través del seguimiento remoto, sea asintomático o sintomático”, indica.

El seguimiento remoto es una herramienta de grandes ventajas que limita el seguimiento presencial a lo estrictamente necesario disminuyendo el volumen de pacientes en la consulta física. “Teniendo en cuenta la situación sanitaria que estamos viviendo en todo el mundo, se ha convertido en un instrumento muy valioso a nivel de estos dispositivos y de todos aquellos en los que es posible el seguimiento remoto”, añade la enfermera.

Aun así, también hay centros con poco volumen de pacientes implantados donde la consulta es presencial. Según Fontanals, “la periodicidad será según protocolo del centro, pudiendo ser programada cada determinado periodo de tiempo y/o cuando el paciente muestre los síntomas por los que se ha implantado el dispositivo”.

En los seguimientos, sean presenciales o no, la enfermera revisa aquellos episodios sintomáticos que quedan registrados por un activador manual (aplicación móvil o dispositivo específico según fabricante), que el paciente siempre llevará consigo y que se le entrega en el momento del implante; también revisa todos aquellos episodios registrados de manera automática, según algoritmos programados en el dispositivo. “En ocasiones podemos encontrar hallazgos asintomáticos de alta importancia diagnóstica”, recuerda. Igualmente, se observa el estado de la zona de la incisión del dispositivo, que actualmente pasa casi desapercibida por su mínimo tamaño y sistema de implantación.

Según Fontanals, los profesionales de enfermería ya “no son solo asistentes de los médicos, sino también profesionales altamente cualificados y con suficiente capacitación reconocida por el resto de colectivos para poder participar en otros campos dentro de nuestro sistema sanitario”.

Aunque la formación oficial en algunas áreas aún no es lo suficientemente sólida que enfermería necesita, Fontanals asegura que siguen adelante en su objetivo común: “El reconocimiento oficial a nuestra profesionalidad y a la capacitación para el desempeño de determinadas tareas, obtenida mediante una formación específica, no olvidando en ningún momento nuestro principal objetivo, que es dar un cuidado integral al paciente.