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Congreso SEC Big data e inteligencia artificial en cardiología: avanzando en la utopía con el reto de evitar la distopía

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La implementación de recursos de big data y de inteligencia artificial (IA) en nuestro medio, aunque mejorable, es ya una realidad. Sin embargo, existe un claro riesgo de que su aplicación termine creando situaciones distópicas.

“El empleo de recursos de big data y de inteligencia artificial en la práctica clínica cardiológica empieza a no ser una utopía, pero nos puede llevar a situaciones ciertamente distópicas”, advierte el Dr. Rafael Vidal Pérez; por eso, como indica el especialista del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña, se necesita empezar a conocer más de este tema, para que no lleguemos a situaciones que afectan a campos más allá del sanitario”.

En opinión del actual tesorero de la SEC, “no cabe duda que tanto el big data como la IA están suponiendo una revolución, tanto por publicaciones en el campo de la cardiología como por aplicaciones prácticas ya implementadas (especialmente en el ámbito de la imagen cardíaca); de hecho, el poder de las grandes bases de datos es real, tal y como estamos comprobando con la iniciativa RECALCAR, que podríamos calificar como un big data modesto”.

Sin embargo, la aplicabilidad clínica de estos recursos de big data aún es escasa. “Es difícil sacar todo el rendimiento posible, dada la baja interoperabilidad de nuestros sistemas autonómicos. Por tanto, no se han colmado nuestras expectativas en lo más mínimo y, desafortunadamente, la pandemia de COVID-19 demuestra que se tiene miedo a los datos en tiempo real y a comunicarse de forma uniforme a nivel nacional”, expone Rafael Vidal, quien reconoce que a nivel de investigación las posibilidades son enormes: “empleando herramientas de big data se podría potenciar mucho la investigación, como han demostrado en Suecia con los registros cardiológicos (como el SWEDEHEART) o como se está poniendo de relieve aquí, y a una escala más modesta, con RECALCAR”. En cualquier caso, es un hándicap adicional en España quela conexión universidad y hospital no sea la más óptima, por lo que para no perder este tren habría que incentivar la colaboración académica con el ámbito sanitario”, sugiere este experto.

Por su parte, la inteligencia artificial está cobrando un creciente protagonismo en la práctica asistencial, y se está implementando de forma clara como elemento tecnológico en los equipos de imagen cardíaca en aspectos de cuantificación automática y mejora de procesos diagnósticos; pero, como subraya Rafael Vidal, “el margen de implementación es casi infinito”.

Luces y sombras

Y es que, como se ha puesto de manifiesto en una sesión celebrada en el e-Congreso SEC 2020 de la Salud Cardiovascular, la irrupción de las técnicas big data y de la IA en el ámbito sanitario viene acompañada de un elenco de ventajas, pero también de algunas incertidumbres. En palabras de la decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de las Islas Baleares, Cristina Gil Membrado, “en la atención sanitaria son herramientas fundamentales para la decisión clínica, a nivel farmacéutico permitirán la investigación de medicamentos cada vez más efectivos y, desde el punto de vista de la gestión, contribuirán a disminuir un gasto que se augura como insostenible”; no obstante, matiza, estas técnicas disruptivas no están libres de claroscuros.

Así, a modo ilustrativo, esta experta apunta que la monitorización remota de ECG, la información derivada de marcapasos, desfibriladores y demás dispositivos, o el diagnóstico con apoyo en la IA van a ayudar, por ejemplo, a que el enfermo mayor crónico sea más independiente y se le facilite un cuidado más personalizado. Pero, por otro lado, la posibilidad de elaborar perfiles de pacientes a través de estas técnicas puede permitir agrupar a aquellos con mayor riesgo de empeorar o de padecer un nuevo problema de salud, clasificando en estratos o segmentos con la sola finalidad de controlar el gasto.

Resulta muy atractivo imaginar cómo puede mejorar la asistencia si todos los datos fueran accesibles sin límites para los profesionales sanitarios y la cantidad de correlaciones, hasta el momento ocultas, que verían la luz. Sin duda, asegura la Prof. Cristina Gil, “como utopía, avanzaríamos hacia la medicina personalizada y de precisión, mejoraríamos la asistencia y el tratamiento de dependientes y de crónicos, tendríamos mejores fármacos y optimizaríamos la atención asistencial mediante estrategias de salud pública”.

Pero, pese a las esperanzas que genera el big data y la IA, debemos ser prudentes en la difusión de logros que, todavía hoy, tienen un alcance muy limitado, con algoritmos por desarrollar, con limitaciones en patologías complejas, con dificultades técnicas propias de la brecha digital y de la falta de interoperabilidad; además, la práctica en el día a día de estas técnicas pone de manifiesto no solo carencias legales, que abocan al profesional a un alto grado de inseguridad en cuanto a los límites legales de su práctica, sino también éticas, que se refieren al cambio de modelo de asistencia”, detalla la decana de la Universidad de las Islas Baleares.

Implicaciones asistenciales y jurídicas

De lo que no cabe duda es que el auge de las técnicas de explotación masiva de información conlleva un cambio sin precedentes en la precisión de diagnósticos y de tratamientos. Y, por otro, la introducción de la máquina inteligente implica, además, nuevas perspectivas en la determinación de la responsabilidad médica. En ambos casos, “la tecnificación de la asistencia no tendría que incurrir en prácticas de medicina defensiva o convertir al cardiólogo en un validador de diagnósticos y de tratamientos”, según reflexiona Cristina Gil, quien considera que estamos en los albores de un nuevo cambio de paradigma en la relación entre el cardiólogo y su paciente, en el que la Ley y la Ciencia tendrán que ir de la mano”.

En este nuevo contexto, y asumiendo que generalmente el Derecho va por detrás de la sociedad, los cardiólogos pueden beneficiarse de una serie de consejos prácticos. “Lo primero que debería hacer es no abandonar el trato humano con el paciente y, en segundo término, el cardiólogo debe conocer los límites legales del big data y de la IA”, señala la docente, quien hace un perfil del paciente desfavorecido en la era del big data, de la inteligencia artificial y de los nuevos dispositivos digitales para el cuidado de la salud: “mayor y en el que concurren habitualmente no solo la brecha tecnológica sino también, en muchas ocasiones, el déficit cognitivo”.

En este ámbito es amplia la regulación sobre la privacidad y la protección de datos de carácter personal, que se integra como lex artis en la conducta que debe regir el ejercicio profesional y establece férreos límites a la utilización de los datos personales de salud, tanto con finalidad asistencial como de investigación.

Teniendo en cuenta estos aspectos, resulta esencial que el cardiólogo se forme en legislación sobre el manejo de datos personales del paciente. “Una historia clínica de un paciente o una muestra biológica no pueden ser utilizadas sin límites. Big data implica un uso a gran escala de datos estructurados y no estructurados, poniendo de relieve datos que, en ocasiones, ni el propio paciente quiere conocer. La potencialidad de su uso es enorme, pero el cardiólogo tiene que ser consciente de que no todo lo que es posible está permitido por las leyes. Llegado el momento podría ser responsable frente a su paciente tanto por mala praxis, como por falta de información, pero también por no ajustarse a la ley en la utilización de los datos personales de salud”, aclara la decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de las Islas Baleares.

En definitiva, como concluye el Dr. Rafael Vidal, el big data y la inteligencia artificial no son una utopía, son presente; en nuestra mano va a estar que no se conviertan una distopía, ya que solo conociendo en qué consisten estas tecnologías se podrá hacer una implementación de las mismas que respete la privacidad y que sea éticamente aceptable”. Como complementa la doctora en Derecho Cristina Gil, “el objetivo desde la Medicina y desde el Derecho debe ser que SEC; de esta forma, estas técnicas no solo tendrán futuro, sino que, además, desplegarán sus efectos positivos sobre nuestra salud”.