La optimización de la angioplastia coronaria (ICP) sigue siendo un reto incluso en la era de la imagen intracoronaria. El subestudio ILUMIEN-IV explora el valor del virtual flow reserve (VFR), una métrica fisiológica derivada de la tomografía de coherencia óptica (OCT), para predecir eventos tras el implante de un stent. ¿Puede el VFR convertirse en la herramienta que combine anatomía y fisiología en un mismo procedimiento? Un análisis crítico revela luces y sombras de esta prometedora innovación.
La angioplastia coronaria con stents farmacoactivos ha supuesto un cambio de paradigma en el tratamiento de la cardiopatía isquémica. Sin embargo, incluso en la era actual, el fracaso del vaso tratado (reestenosis, trombosis o necesidad de revascularización) sigue siendo una realidad. Una de las razones es que el éxito angiográfico no siempre equivale a éxito fisiológico. La optimización de la angioplastia exige ir más allá de la imagen bidimensional: entender cómo fluye realmente la sangre tras el implante de un stent.
En esta línea, la combinación de imagen intracoronaria y fisiología coronaria se ha convertido en un objetivo atractivo. La OCT ofrece una visualización detallada de la expansión del stent y sus bordes, mientras que la fracción de flujo coronario (FFR) aporta el valor pronóstico de la repercusión funcional. Sin embargo, el uso sistemático de FFR post-ICP ha sido limitado en la práctica clínica, en parte por el tiempo, el coste y la necesidad de guías de presión y fármacos hiperémicos. Aquí es donde surge el concepto de virtual flow reserve (VFR): una estimación fisiológica basada en las imágenes de OCT, sin guías ni adenosina, que promete lo mejor de ambos mundos.
El grupo de Johnson et al., publicó recientemente en JACC: Cardiovascular Interventions un subestudio del ensayo ILUMIEN-IV, el mayor ensayo hasta la fecha que comparó ICP guiada por OCT frente a angiografía. De los más de 2.400 pacientes incluidos, se analizaron 2.057 casos con lesiones únicas y disponibilidad de OCT tras la angioplastia. A partir de esas imágenes se calculó el VFR post-ICP, definido de forma análoga a la FFR (cociente Pd/Pa bajo condiciones hiperémicas simuladas), pero derivado de un modelo matemático aplicado a la reconstrucción tridimensional de la OCT.
El objetivo principal fue determinar si el VFR post-ICP predecía a 2 años los eventos clínicos, definidos como fracaso del vaso tratado (TVF: muerte cardiaca, infarto del vaso o revascularización) y fracaso de la lesión tratada (TLF), de forma independiente al área mínima del stent (MSA).
Los hallazgos fueron consistentes y, al mismo tiempo, matizados:
- La mediana de VFR fue 0,90 muy próximo al umbral clásico de 0,89 empleado para FFR invasivo en estudios previos, lo cual facilita la interpretación y otorga coherencia clínica.
- Tanto un VFR más bajo como un MSA reducido fueron predictores independientes de TVF y TLF a 2 años.
- La combinación de VFR ≤0,90 y MSA bajo identificó al subgrupo con mayor riesgo de eventos, con separación precoz de las curvas de Kaplan-Meier.
- La correlación entre VFR y MSA fue débil, lo que sugiere que ambos parámetros capturan dimensiones distintas: la expansión local del stent y la repercusión funcional de todo el vaso.
Los autores concluyen que el VFR ofrece valor añadido respecto a la OCT anatómica, y que podría convertirse en una herramienta complementaria de gran utilidad.
Comentario
El subestudio ILUMIEN-IV es una aportación relevante, pero conviene matizar algunos aspectos antes de considerar la adopción del VFR en la práctica clínica:
- Magnitud del efecto: la diferencia absoluta en TLF entre pacientes por encima y por debajo de la mediana de VFR fue modesta (5,5% frente al 7,6%). Las curvas de Kaplan-Meier mostraron separación temprana, pero divergencia limitada después. Esto sugiere que, aunque estadísticamente significativo, el impacto clínico incremental puede ser pequeño.
- Modelado frente a medición directa: el VFR no se mide, se calcula. Depende de la calidad de las imágenes OCT y de los supuestos del modelo computacional. Esto introduce un grado de variabilidad que podría limitar su robustez frente a la FFR invasiva, cuya potencia pronóstica está mejor establecida en metaanálisis recientes.
- Valor añadido frente a FFR post-PCI: estudios y revisiones sistemáticas han demostrado que la FFR post-stent es un fuerte predictor de eventos futuros. El hazard ratio para VFR (0,70 por cada 0,1 unidad) es inferior al observado en FFR en otros trabajos, lo que invita a cuestionar si el salto tecnológico justifica un valor predictivo menor.
- ¿El mayor potencial está en la fase pre-PCI? El estudio se centró en el VFR postimplante. Sin embargo, quizá el verdadero poder disruptivo del VFR resida en la fase previa a la PCI. El ensayo DEFINE PCI mostró que un 25% de los pacientes presentaban isquemia residual tras una PCI angiográficamente exitosa. Un VFR pre-PCI podría ayudar a identificar lesiones difusas, ajustar la longitud del stent y evitar infratratamientos.
- Correlación débil con MSA: el hecho de que VFR y MSA se relacionen solo de forma parcial es un arma de doble filo. Por un lado, confirma que aportan información complementaria; por otro, complica su uso como herramienta directa de optimización durante el procedimiento, salvo que la tecnología se integre en tiempo real en la sala de hemodinámica.
No es la primera vez que la OCT demuestra su capacidad para optimizar el intervencionismo. Ensayos previos como ILUMIEN III ya habían mostrado la superioridad de OCT frente a la angiografía convencional en la expansión del stent. Además, la literatura ha dejado claro que la fisiología post-PCI importa: un FFR bajo tras una intervención técnicamente “exitosa” se traduce en peor pronóstico.
El VFR es, en ese sentido, un intento de fusionar lo mejor de dos mundos: la precisión anatómica de la OCT con la información pronóstica de la fisiología.
El subestudio ILUMIEN-IV nos deja un mensaje claro: el VFR post-PCI se asocia con los resultados clínicos a medio plazo, independientemente de los parámetros anatómicos clásicos. Supone una prueba de concepto de que la fisiología virtual puede complementar la anatomía en la optimización de la PCI.
Pero también nos recuerda que aún estamos en una fase exploratoria. La magnitud del efecto es limitada, el valor incremental frente a la FFR invasiva está por demostrar, y la utilidad real dependerá de que la tecnología se aplique de forma prospectiva, especialmente en la planificación pre-PCI.
En definitiva, el VFR es una promesa atractiva, un puente entre imagen y fisiología que encaja con la tendencia a la integración tecnológica en cardiología intervencionista. Pero, para pasar de promesa a realidad clínica, necesitamos lo que siempre ha marcado la diferencia: ensayos prospectivos, aleatorizados y en tiempo real que demuestren que cambiar la estrategia en base al VFR mejora los resultados de nuestros pacientes.
Referencia
- Johnson TW, Bergmark BA, Croce K, Pellegrini D, Maehara A, Gori T, Pinilla-Echeverri N, Wollmuth J, Gonzalo N, Kao HL, Guagliumi G, Phalakornkule K, Ediebah D, McNutt J, Chiu WC, Buijs JOD, Buccola J, Landmesser U, Ali Z, Stone GW, Jeremias A.
- J Am Coll Cardiol. 2025 May 10:S0735-1097(25)06493-9. doi: 10.1016/j.jacc.2025.05.019.




