Tanto las guías americanas como las europeas otorgan una recomendación de clase IIa para la anticoagulación en pacientes con fibrilación auricular (FA) y riesgo tromboembólico intermedio (CHA₂DS₂-VA = 1 punto, equivalente a CHA₂DS₂-VA = 1 en varones o 2 en mujeres). Sin embargo, esta recomendación se ha apoyado históricamente en registros observacionales o subanálisis de ensayos pivotales.
El ensayo SINGLE-AF nace para responder a esta clásica «zona gris» mediante el primer ensayo clínico aleatorizado que compara ACOD frente a la ausencia de anticoagulación en esta población.
Se diseñó un ensayo clínico aleatorizado (1:1), multicéntrico (18 centros en Corea del Sur), abierto y con adjudicación ciega de eventos. Se analizaron 1.803 pacientes con FA y riesgo intermedio (edad media: 60,4 años; 23,7% mujeres; 71,8% FA paroxística). Se excluyeron aquellos pacientes con estenosis mitral moderada-grave o prótesis mecánica, indicación de anticoagulación por otra causa (como enfermedad tromboembólica venosa), disfunción renal grave (TFGe <30 ml/min o creatinina ≥3,5 mg/dl), hepatopatía relevante (transaminasas >3 veces el límite superior de la normalidad o clase Child-Pugh B o C) o enfermedad cardiaca estructural significativa (como miocardiopatía dilatada o hipertrófica y amiloidosis cardiaca).
Los pacientes fueron aleatorizados a recibir un ACOD (n = 902: 67,4% apixabán y 28,0% rivaroxabán; el 81,6% a dosis estándar) o al grupo sin anticoagulación (n=901, donde solo se permitió ACOD peri-cardioversión/ablación); el 36,5% de este último grupo recibió antiagregación a criterio del médico. El endpoint principal del estudio fue un objetivo compuesto por ictus, embolia sistémica, sangrado mayor (ISTH) o muerte cardiovascular a los 24 meses.
A lo largo de un periodo de seguimiento, el grupo asignado al tratamiento con ACOD alcanzó una reducción estadísticamente significativa del objetivo primario combinado, situando la incidencia acumulada de dicho evento en un 0,5%, en comparación con el 1,5% registrado en la cohorte de control; es decir, una reducción relativa del riesgo del 69% (hazard ratio [HR] 0,31; intervalo de confianza del 95% [IC 95%]: 0,10-0,94; p= 0,03).
Al analizar los componentes del riesgo tromboembólico y hemorrágico por separado, se observó una reducción significativa de eventos tromboembólicos (ictus isquémico o embolismo sistémico) en el grupo de anticoagulación (HR 0,10; IC 95%: 0,01-0,77). Por el contrario, en el conjunto de eventos hemorrágicos no se registraron diferencias significativas entre ambos grupos (HR 1,42; IC 95%: 0,76-2,63).
Comentario
El estudio SINGLE-AF aborda una de las zonas grises más habituales en la práctica clínica actual: el manejo antitrombótico en pacientes con FA que presentan un CHA₂DS₂-VA = 1 en varones o 2 en mujeres. Al evaluar la eficacia del tratamiento preventivo mediante ACOD frente a la estrategia de no anticoagulación (con tratamiento antiagregante a criterio del investigador), los resultados revelaron una superioridad clara de la intervención anticoagulante en la reducción de eventos cardiovasculares adversos.
Clásicamente se ha estimado que el riesgo anual de ictus en este perfil de pacientes se sitúa en torno al 1%1; sin embargo, estudios más recientes con un control más estricto de los factores de riesgo cardiovascular sitúan esta incidencia en cifras menores2,3. En estudios observacionales, el empleo de anticoagulación oral se ha asociado con resultados clínicos favorables en sujetos con FA y una puntuación de CHA₂DS₂-VA de 1 punto4, observándose que la omisión del tratamiento anticoagulante conllevaba una mayor incidencia de ictus isquémico a pesar de presentar un perfil de riesgo tromboembólico basal equivalente5.
La principal fortaleza del ensayo SINGLE-AF reside en su carácter pionero, al tratarse del primer ensayo clínico aleatorizado diseñado específicamente para generar evidencia en una cohorte de riesgo tromboembólico intermedio. En términos de eficacia, demuestra una capacidad notable para reducir eventos cardioembólicos, destacando una reducción del 90% en la tasa de ictus isquémico o embolia sistémica. Desde el punto de vista de la seguridad, el estudio confirma que el tratamiento anticoagulante no conlleva un peaje hemorrágico inaceptable, registrando tasas de sangrado mayor excepcionalmente bajas y similares al grupo control (0,3% frente al 0,5%). Asimismo, presenta una elevada consistencia interna, con un efecto protector homogéneo en todos los subgrupos analizados (independientemente de edad, sexo o ACOD empleado), y aclara el papel del tratamiento antiagregante al sugerir que su uso en este perfil de pacientes ofrece una protección cardioembólica inferior sin aportar ventajas reales en seguridad hemorrágica frente a los ACOD a dosis terapéuticas. Por tanto, los hallazgos posicionan a los ACOD como la estrategia de elección prioritaria frente al uso de antiagregantes o la abstención terapéutica en este escenario.
Para profundizar en la aplicabilidad clínica de estos hallazgos, conviene señalar la relevancia del patrón arrítmico en la cohorte del estudio. El 71,8% de los pacientes presentaba FA paroxística y cerca de un 31% contaba con el antecedente de ablación de venas pulmonares. Esto dibuja una cohorte con una carga arrítmica baja. En el análisis exploratorio por subgrupos se observó una clara tendencia en la tasa de eventos del grupo control no anticoagulado según el patrón arrítmico: los pacientes con FA no paroxística alcanzaron una tasa de eventos del 2,6% sin anticoagulación, frente al 1,1% registrado en aquellos con FA paroxística, si bien estas diferencias no alcanzaron significación estadística debido al reducido número total de eventos. Dado que la carga arrítmica modula de forma independiente el riesgo tromboembólico, resulta notable que el beneficio de los ACOD se haya demostrado incluso en una cohorte con un sustrato arrítmico tan bajo, sugiriendo que en pacientes con FA persistente o alta carga de arritmia la tasa absoluta de eventos en ausencia de tratamiento es mayor, ampliando potencialmente el beneficio neto de la anticoagulación.
No obstante, el estudio presenta una serie de limitaciones metodológicas que exigen una interpretación cautelosa antes de generalizar sus conclusiones, reconocidas varias de ellas por los propios autores. En primer lugar, la incidencia global de eventos tromboembólicos durante el seguimiento fue muy inferior a la proyectada en el diseño del ensayo, lo que condiciona una falta de potencia estadística y debilita la consistencia de sus estimaciones. Con solo 14 eventos embólicos y 17 del objetivo primario combinado —frente a los 41 esperados—, el estudio muestra un intervalo de confianza excesivamente amplio. De este modo, aunque la reducción relativa del riesgo alcanza un impactante 69%, la diferencia absoluta es de apenas 1 punto porcentual a 2 años (0,5% frente a 1,5%), haciendo que la solidez de los resultados sea cuestionable para modificar las guías clínicas de forma directa.
En segundo lugar, destaca una limitación de validez externa dada por la estricta selección de una cohorte joven (edad media de 60,4 años) y de bajo riesgo hemorrágico basal (puntuación media en la escala HAS-BLED de 0,5 puntos), sumada al sesgo geográfico de la muestra, la cual estuvo constituida exclusivamente por pacientes de Corea del Sur, lo que dificulta la extrapolación de los resultados a poblaciones occidentales con mayor comorbilidad. Asimismo, el diseño abierto del ensayo introduce la posibilidad de sesgos de atención o de informe de eventos. Por último, la elevada tasa de prescripción de fármacos antiagregantes plaquetarios dentro del grupo de control actúa como una variable de confusión que podría haber alterado tanto la tasa de eventos isquémicos como el perfil hemorrágico del brazo no anticoagulado.
En definitiva, el estudio SINGLE-AF inclina la balanza hacia el uso de ACOD en los pacientes con FA y CHA₂DS₂-VA = 1 en varones o 2 en mujeres, pero la modesta reducción absoluta de eventos exige confirmación en cohortes globales más amplias y con mayor número de eventos absolutos antes de modificar las recomendaciones actuales.
Referencia
Anticoagulation for atrial fibrillation with intermediate stroke risk
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- N Engl J Med. Published online August 28, 2026. doi:10.1056/NEJMoa2607978.
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