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Congreso SEC Cuando la cardiología encontró a la oncología...y supieron que se necesitaban

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El tratamiento y cuidado cardiovascular en los pacientes con cáncer se ha desarrollado mucho en los últimos años con un interés creciente por estos pacientes, que presentan peculiaridades significativas a nivel de manejo clínico, siendo necesaria la coordinación de especialidades médicas "lejanas" en su día a día y que ahora precisan abordar aspectos clínicos nuevos para ellas. Una sesión conjunta Hospital General Universitario Gregorio Marañón (HGGM) y Clínica Mayo ha acercado a los participantes en el Congreso la experiencia de un líder mundial en la materia, congregando en la misma mesa a especialistas del máximo nivel.

Desde una visión práctica, se ha abordado la utilidad y necesidad de esta nueva disciplina en auge, que surge “de una necesidad”, reconoce el Dr. Eduardo Zatarain, que califica como “un error compartimentalizar a las enfermedades de los pacientes en distintos órganos o sistemas estancos”. Echando mano del sentido común, este experto asegura que “para tratar bien a un paciente con cáncer y enfermedad cardiovascular, derivada o no del cáncer, hay que tratar al paciente en su conjunto y el éxito del tratamiento consistirá en que sea un tratamiento sinérgico, que tenga como objetivo el bien del paciente, no del órgano/sistema afectado”.

Colaboración, sí o sí

Esta visión holística del paciente conlleva, necesariamente, a la colaboración entre las disciplinas médicas. Actualmente, destaca el Dr. Zatarain, “la lejanía se está convirtiendo en acercamiento, gracias al creciente interés que ha motivado la creación de documentos de consenso sobre la materia, avalados por las sociedades científicas implicadas (SEC, SEOR, SEHH y SEOM), a la creación de grupos de trabajo multidisciplinares, a la creación de grupos asistenciales locales en muchos hospitales, y a la difusión y divulgación de este tipo de sesiones en congresos de todas las especialidades implicadas”.

Todo son ventajas

Y de este matrimonio, sea o no de conveniencia, surgen numerosos beneficios. El primer beneficiado es, en palabras del cardiólogo del HGGM, el paciente, que “se asegura que va a recibir el tratamiento más adecuado para su cáncer, metiendo en la ecuación de evaluación de riesgo-beneficio al corazón y sistema cardiovascular”. Pero no solo eso, continúa explicando el Dr. Zatarain, “ya que gracias a la colaboración entre cardiología y oncología se logrará que el paciente, si sobrevive al problema oncológico, no sea a costa de aumentar la toxicidad cardiovascular; y, además, permitirá que no se dejen de ofrecer tratamientos con importancia pronóstica para el cáncer por el miedo a los efectos secundarios sobre el corazón”. Además, la coordinación de las pruebas médicas, evitar visitas innecesarias a otros especialistas, tener el soporte en el momento preciso y sin demora, “también beneficia al funcionamiento global del sistema de salud”, afirma.

Efectos cardiovasculares del cáncer y las terapias oncológicas

Uno de los aspectos clínicos que más preocupan en este ámbito son los efectos cardiotóxicos de muchos de los tratamientos antitumorales clásicos. Pero, además, el desarrollo constante y vertiginoso de nuevos tratamientos oncológicos obliga “a que los cardiólogos tengamos que estar permanentemente alerta sobre potenciales toxicidades no detectadas en los ensayos clínicos, bien por escaso tiempo de evolución y posible toxicidad tardía o bien por exclusión de pacientes con afecciones cardiovasculares en los propios ensayos clínicos que van a representar un grupo de riesgo para el desarrollo de cardiotoxicidad”.

El cáncer y la enfermedad cardiovascular tienen muchos factores de riesgo etiológicos en común, “por lo que si aumenta la supervivencia del cáncer tenemos que ser conscientes del riesgo cardiovascular de esos pacientes desde el principio, para evitar que la mejoría en supervivencia se convierta en la oportunidad de los factores de riesgo cardiovascular para causar enfermedad”, aclara el Dr. Zatarain.

Los oncólogos utilizan terapias combinadas (químicas, físicas y quirúrgicas) cuyo objetivo es destruir células tumorales. La selección de las células destruidas es compleja y hay importantes daños colaterales cuando se realiza. Además, el cáncer necesita "alimentarse y nutrirse" para crecer y esto hace que la enfermedad implique la generación de vascularización, por lo que muchas terapias van dirigidas contra el sistema vascular, para evitar la irrigación de los tumores; pero, de nuevo, hay pocas diferencias entre los vasos sanguíneos generados por el tumor y los del resto del organismo, suponiendo en muchos casos una agresión al sistema cardiovascular.

El “temor” de los oncólogos al sistema cardiovascular, según explica el Dr. Zatarain, “proviene, principalmente, de los efectos de esta toxicidad conocida y esperada en muchos casos, con la generación de efectos adversos que pueden ser graves, afectando a la supervivencia global del paciente (que termina falleciendo o viendo afectada su calidad de vida por enfermedad cardiovascular)”. Además, prosigue, “los mecanismos de la toxicidad no son bien conocidos, no existen muchas herramientas de cardioprotección, faltan escalas de riesgo para predecir toxicidad en muchos de los tratamientos y algunas de las toxicidades ocurren de forma estocástica, sin poder predecir cuándo ni por qué”.

En definitiva, opina, “tememos a lo que no conocemos y, por tanto, tenemos que abordar la Cardio-Oncología desde el conocimiento, fomentando el trabajo multidisciplinar y la investigación, para dar respuestas a todas las preguntas y dudas que se nos plantean en la práctica clínica”.