Se trata de un estudio observacional prospectivo basado en la cohorte UK Biobank que pretende evaluar la relación entre la proporción de actividad física vigorosa respecto al volumen total de actividad física y el riesgo de diferentes enfermedades crónicas cardiovasculares y no cardiovasculares. Además, los autores comparan la importancia relativa de la intensidad frente al volumen total de actividad física.
Para ello se analizaron dos poblaciones. La cohorte principal incluyó 96.408 participantes con datos de actividad física medidos mediante acelerómetro de muñeca durante 7 días. La edad media fue de 61,9 años y el 56,3% eran mujeres. Como cohorte secundaria se incluyeron 375.730 participantes con actividad física autodeclarada mediante cuestionario IPAQ, con una edad media de 56,2 años y un 52,2% de mujeres.
Los desenlaces evaluados fueron eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE), fibrilación auricular (FA), diabetes mellitus tipo 2, enfermedades inflamatorias inmunomediadas, enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), enfermedad respiratoria crónica, enfermedad renal crónica, demencia y mortalidad por cualquier causa.
La actividad física se expresó en MET-min/semana y se calculó el porcentaje de actividad física vigorosa sobre el volumen total de actividad física. En la cohorte con acelerometría, los participantes se clasificaron en 4 grupos según la proporción de actividad vigorosa: 0%, >0 a ≤2%, >2 a ≤4% y >4%. Los modelos fueron ajustados por el volumen total de actividad física y por diferentes variables sociodemográficas y de estilo de vida, con análisis adicionales que incluyeron medicación, índice de fragilidad, índice de masa corporal, presión arterial, perfil lipídico y función renal.
Durante una mediana de seguimiento de aproximadamente 8,8-8,9 años en la cohorte con acelerómetro, se registraron 9.366 MACE, 4.123 casos de FA, 2.210 casos de diabetes mellitus tipo 2, 1.721 enfermedades inflamatorias inmunomediadas, 1.706 casos de MASLD, 2.873 enfermedades respiratorias crónicas, 2.565 casos de enfermedad renal crónica, 942 casos de demencia y 4.129 muertes.
En comparación con los participantes sin actividad física vigorosa, aquellos con >4% de actividad vigorosa presentaron menor riesgo de todos los desenlaces evaluados en el modelo principal: 31% menos riesgo de MACE, 29% menos riesgo de FA, 60% menos riesgo de diabetes mellitus tipo 2, 39% menos riesgo de enfermedades inflamatorias inmunomediadas, 48% menos riesgo de MASLD, 44% menos riesgo de enfermedad respiratoria crónica, 41% menos riesgo de enfermedad renal crónica, 63% menos riesgo de demencia y 46% menos riesgo de mortalidad por cualquier causa.
Los autores observaron una relación dosis-respuesta inversa y no lineal entre el porcentaje de actividad vigorosa y todos los desenlaces. De forma interesante, estas asociaciones se mantuvieron tras ajustar por el volumen total de actividad física, lo que sugiere que la intensidad podría aportar información adicional al simple recuento de minutos o MET-min/semana. En la cohorte medida con acelerómetro, el beneficio alcanzó una meseta en torno al 4-5% de actividad vigorosa para MACE, FA, enfermedades inflamatorias inmunomediadas, demencia y mortalidad, mientras que para diabetes mellitus tipo 2, MASLD, enfermedad respiratoria crónica y enfermedad renal crónica la relación fue lineal o casi lineal, sin meseta aparente. En la cohorte de cuestionario, en cambio, las asociaciones fueron consistentes en dirección, pero de menor magnitud, no reflejaron esas relaciones lineales y su meseta se situó en un porcentaje mucho más alto, en torno al 30-40%. De hecho, el umbral del 5% medido por dispositivo ya se asoció a mayores beneficios que el 40% estimado por cuestionario.
El análisis conjunto de intensidad y volumen mostró patrones diferentes según la enfermedad evaluada. En las enfermedades inflamatorias inmunomediadas, la asociación parecía depender de forma muy marcada de la intensidad, con escasa contribución adicional del volumen total de actividad física. En MACE, FA, enfermedad respiratoria crónica y demencia también predominaba la intensidad, aunque con cierta contribución del volumen. Por el contrario, en diabetes mellitus tipo 2, MASLD, enfermedad renal crónica y mortalidad por cualquier causa, la contribución de intensidad y volumen fue más equilibrada.
En los análisis de fracción prevenible poblacional, la proporción de actividad vigorosa mostró un mayor potencial preventivo que el volumen total en todos los desenlaces, aunque con magnitudes distintas según la enfermedad. La ventaja de la intensidad fue máxima en las enfermedades inflamatorias inmunomediadas (20,3% frente al 1,0% del volumen), seguidas de un grupo con claro predominio de la intensidad: demencia (32,3% frente al 8,1%), enfermedad respiratoria crónica (21,4% frente al 5,6%), MACE (17,8% frente al 6,0%) y FA (16,2% frente al 5,0%). En las entidades metabólicas y en la mortalidad, en cambio, intensidad y volumen contribuyeron de forma más equilibrada: diabetes mellitus tipo 2 (26,6% frente al 17,7%), MASLD (22,1% frente al 16,6%), enfermedad renal crónica (23,0% frente al 15,3%) y mortalidad por cualquier causa (31,4% frente al 14,2%).
Los autores concluyen que una mayor proporción de actividad física vigorosa, independientemente del volumen total de actividad física, se asocia con menor riesgo de múltiples enfermedades crónicas y de mortalidad por cualquier causa. Además, señalan que la intensidad de la actividad física podría tener un mayor potencial preventivo que el volumen total, apoyando la priorización, siempre que sea posible, de actividades de mayor intensidad dentro de las intervenciones clínicas y poblacionales dirigidas a la prevención de enfermedades no transmisibles.
Comentario
Entre las fortalezas del trabajo destacan la medición objetiva de la actividad física mediante acelerómetros, el amplio tamaño muestral y el diseño prospectivo. Conviene, no obstante, precisar qué compara realmente el análisis. El volumen se expresa en MET-minutos, una métrica que ya incorpora la intensidad, y la proporción de actividad vigorosa se calcula sobre ese volumen total; ambas dimensiones, por tanto, no son del todo separables. Al ajustar por el volumen total e introducir el porcentaje de actividad vigorosa, lo que se estima en la práctica es la asociación de sustituir, a volumen constante, actividad ligera o moderada por actividad vigorosa, más que el efecto de una intensidad verdaderamente independiente del volumen. Es una pregunta legítima y clínicamente útil, pero distinta de afirmar que la intensidad pese más que el volumen en términos absolutos.
Más allá de esta cautela, los patrones específicos por enfermedad resultan biológicamente plausibles. La mayor dependencia de la intensidad en las enfermedades inflamatorias inmunomediadas encaja con la hipótesis de que el esfuerzo vigoroso podría inducir una modulación más marcada de la respuesta inflamatoria. En cambio, las enfermedades de perfil metabólico parecen responder de forma más equilibrada al volumen y a la intensidad, probablemente por la combinación entre gasto energético acumulado y adaptaciones metabólicas inducidas por el ejercicio de mayor intensidad.
Quizá la lectura más útil para la práctica no sea elegir entre intensidad y volumen, sino combinarlos. Si algunas enfermedades parecen beneficiarse especialmente de la intensidad y otras mantienen una contribución relevante del volumen, un enfoque que integre ambos —inspirado en el concepto de entrenamiento polarizado, con una base amplia de actividad de baja intensidad y dosis bien situadas de trabajo vigoroso— podría ofrecer una cobertura preventiva más completa frente al conjunto de enfermedades crónicas. En esta línea, las estrategias eficientes en tiempo, la actividad vigorosa incidental (VILPA) o los modelos interválicos resultan especialmente atractivos para quienes disponen de poco tiempo o son poco proclives al ejercicio estructurado, sin que ello reste valor a la actividad ligera, particularmente útil en personas mayores, frágiles o con baja capacidad funcional.
Para el cardiólogo resulta de interés el matiz sobre la FA. La asociación favorable observada procede de una población de mediana edad y mayores, con niveles de actividad vigorosa relativamente bajos, por lo que conviene no extrapolar estos resultados al deportista de resistencia de élite, en quien volúmenes muy elevados de entrenamiento podrían modificar esta relación.
Merece la pena detenerse en la diferencia entre la medición objetiva y el autorregistro, porque condiciona la lectura de los resultados. El acelerómetro aplica umbrales de intensidad objetivos, capta episodios breves de actividad vigorosa que pueden pasar desapercibidos y reduce los errores de clasificación. El cuestionario, en cambio, depende de la percepción del participante y puede sobrestimar la actividad vigorosa de ocio, a la vez que infraestima el gran volumen de actividad ligera y moderada breve repartida a lo largo del día. Como la proporción de actividad vigorosa se calcula dividiendo el esfuerzo vigoroso entre el volumen total, esta infraestimación del denominador puede inflar artificialmente el porcentaje de actividad vigorosa en los datos autodeclarados y atenuar la verdadera relación dosis-respuesta. Esto ayuda a entender que las asociaciones medidas por dispositivo sean más consistentes y que los umbrales observados con acelerometría y cuestionario no sean directamente intercambiables.
Como toda investigación, presenta algunas limitaciones que conviene tener presentes. Su naturaleza observacional no permite descartar confusión residual ni causalidad inversa. La acelerometría se obtuvo en un único periodo de 7 días, lo que puede no representar completamente el patrón habitual de actividad física a largo plazo. Además, existía una mediana de unos 5 años entre la evaluación basal de las covariables y el registro de actividad. Por último, el UK Biobank presenta una baja tasa de respuesta y está compuesto mayoritariamente por participantes de ascendencia europea, lo que limita la generalización de los resultados a otras poblaciones.
En conclusión, el estudio sugiere que la proporción de actividad vigorosa dentro del volumen total de actividad física se asocia de forma consistente con un menor riesgo de un amplio abanico de enfermedades crónicas y de mortalidad. El mensaje no es que el volumen deje de importar, sino que combinar ambos y, cuando sea posible, dar espacio a la intensidad puede mejorar el rendimiento preventivo por unidad de tiempo, adaptando siempre la recomendación a las características clínicas y a la capacidad funcional de cada paciente.
Referencia
- Wei J, Shen M, Li S, Xiao Y, Luo D, Ferrari G, Lee DH, Rezende LFM, Gill JMR, Ahmadi MN, Stamatakis E, Chen X.
- European Heart Journal. 2026;00:1–16. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehag168
Bibliografía
- Bull FC, Al-Ansari SS, Biddle S, Borodulin K, Buman MP, Cardon G, et al. World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behaviour. Br J Sports Med. 2020;54:1451–62.
- Gebel K, Ding D, Chey T, Stamatakis E, Brown W, Bauman A. Effect of moderate to vigorous physical activity on all-cause mortality in middle-aged and older Australians. JAMA Intern Med. 2015;175:970–7.
- Biswas RK, Ahmadi MN, Bauman A, Milton K, Koemel NA, Stamatakis E. Wearable device-based health equivalence of different physical activity intensities against mortality, cardiometabolic disease, and cancer. Nat Commun. 2025;16:8315.
- Ahmadi MN, Clare PJ, Katzmarzyk PT, Del Pozo Cruz B, Lee IM, Stamatakis E. Vigorous physical activity, incident heart disease, and cancer: how little is enough? Eur Heart J. 2022;43:4801–14.
- Wang Y, Nie J, Ferrari G, Rey-Lopez JP, Rezende LFM. Association of physical activity intensity with mortality: a National Cohort Study of 403 681 US adults. JAMA Intern Med. 2021;181:203–11.
- Ahmadi MN, Hamer M, Gill JMR, Murphy M, Sanders JP, Doherty A, et al. Brief bouts of device-measured intermittent lifestyle physical activity and its association with major adverse cardiovascular events and mortality in people who do not exercise: a prospective cohort study. Lancet Public Health. 2023;8:e800–e10.
- Stamatakis E, Ahmadi M, Biswas RK, Del Pozo Cruz B, Thøgersen-Ntoumani C, Murphy MH, et al. Device-measured vigorous intermittent lifestyle physical activity (VILPA) and major adverse cardiovascular events: evidence of sex differences. Br J Sports Med. 2025;59:316–24.
- Abdulla J, Nielsen JR. Is the risk of atrial fibrillation higher in athletes than in the general population? A systematic review and meta-analysis. 2009;11:1156–9.




