El aumento en la supervivencia de los pacientes con cardiopatía congénita (CC) ha supuesto un nuevo escenario clínico en nuestra práctica diaria. Cada vez más adolescentes y adultos jóvenes con buena clase funcional desean practicar deporte competitivo, planteando un dilema sobre cómo equilibrar los beneficios indiscutibles del ejercicio con el potencial riesgo cardiovascular inherente a determinadas cardiopatías.
La actividad física constituye un pilar fundamental en la prevención cardiovascular y en la mejora de la calidad de vida. En pacientes con CC, además, se asocia a mejor capacidad funcional, menor prevalencia de obesidad y mejor integración psicosocial. Sin embargo, la presencia de alteraciones estructurales residuales, sobrecarga hemodinámica, disfunción ventricular o sustrato arrítmico obliga a individualizar cuidadosamente las recomendaciones.
Antiguamente, la participación en deportes competitivos de pacientes con defectos complejos era algo anecdótico, pero las mejoras en el tratamiento han permitido que cada vez más personas con CC puedan alcanzar estos niveles de manera segura. En este contexto, tanto las sociedades europeas como las americanas han publicado documentos orientativos sobre la práctica deportiva en pacientes con CC. Si bien comparten un objetivo común, promover una participación segura en los deportes de competición, el enfoque conceptual de ambas difiere de forma relevante en cuanto a la valoración de la cardiopatía de base.
Comentario
Desde el punto de vista europeo, las últimas recomendaciones del año 2020 proponen un cambio de paradigma respecto a posicionamientos previos. Se recomienda una evaluación enfocada en la hemodinámica y electrofisiología del defecto, relegando la anatomía a un papel menos relevante, a diferencia de documentos anteriores1. Además, este consenso refuerza el enfoque de la prescripción segura de ejercicio, a diferencia de la actitud restrictiva, predominante en recomendaciones previas.
Estas recomendaciones se dirigen a pacientes ≥16 años que desean participar en deporte competitivo, entendido como aquel en el que el esfuerzo es máximo y sostenido, a diferencia del ejercicio recreacional. La evaluación se estructura en un algoritmo de 5 pasos:
- Anamnesis y exploración física.
- Evaluación hemodinámica y electrofisiológica en reposo.
- Evaluación hemodinámica y electrofisiológica durante el ejercicio.
- Recomendaciones individualizadas en función de los hallazgos.
- Seguimiento periódico tras la prescripción.
Los parámetros clave en reposo incluyen: estructura y función ventricular, presión arterial pulmonar, diámetros aórticos, presencia de arritmias y saturación de oxígeno. La ecocardiografía constituye la herramienta fundamental, complementada según el caso con resonancia magnética, tomografía computarizada, monitorización Holter o incluso cateterismo.
Durante la valoración en esfuerzo, la ergoespirometría se considera la prueba de referencia. Además, nos permite evaluar otros parámetros de capacidad funcional y de respuesta al ejercicio como son el consumo máximo de oxígeno (VO2), la eficiencia respiratoria, la respuesta cronotrópica, el comportamiento arrítmico o la respuesta tensional. Todo ello en su conjunto nos va a permitir una estratificación precisa del riesgo de nuestros pacientes, siendo el grado de restricción deportiva determinado por el parámetro más alterado. De este modo, una única variable significativamente patológica puede contraindicar la competición, incluso en presencia de normalidad en el resto de los parámetros.
La clasificación de cada deporte se realiza en 4 categorías (potencia, habilidad, mixto y resistencia) en función de su demanda cardiovascular aguda y crónica, así como el impacto que generan sobre la hemodinámica cardiaca. Es importante subrayar que todas las recomendaciones europeas se basan en consenso de expertos (nivel de evidencia C), reflejo de la limitada evidencia disponible en la literatura.
Pasando al enfoque americano, las últimas recomendaciones disponibles datan del año 20152. En ellas, el rango etario no se define estrictamente, si bien el documento se centra en pacientes entre 12 y 25 años. Aunque el objetivo sigue siendo garantizar una práctica segura del deporte competitivo, el eje principal de decisión en este caso es el sustrato anatómico del defecto, considerando en segundo plano la situación hemodinámica y la sintomatología.
Los deportes se clasifican según dos componentes:
- Estático (I, II, III): relacionado con la carga de presión ventricular.
- Dinámico (A, B, C): relacionado con la carga de volumen y el gasto cardiaco.
Los pacientes con defectos leves o corregidos sin repercusión hemodinámica significativa podrían participar en deportes más exigentes, incluso sin restricción en algunos casos, mientras que aquellos con lesiones más complejas quedan limitados a actividades con bajo componente estático y dinámico (IA).
Una característica distintiva de este enfoque es el uso de valores de corte específicos (por ejemplo, gradientes valvulares o fracción de eyección) para determinar la elegibilidad deportiva. Si bien esta aproximación aporta claridad estructural, puede generar situaciones clínicamente discordantes, donde pequeñas variaciones ecocardiográficas modifiquen la elegibilidad sin que exista un cambio real en el riesgo del paciente.
A pesar de que la mayoría de las recomendaciones en este caso cuentan también con un nivel de evidencia C, determinadas lesiones como pueden ser los defectos septales ventriculares, el ductus arterioso persistente o la hipertensión pulmonar, entre otras, disponen de recomendaciones con un nivel de evidencia B (datos procedentes de un único ensayo clínico aleatorizado o de grandes estudios no aleatorizados).
En 2025 se publicó un nuevo documento actualizado de las sociedades americanas sobre la práctica deportiva de competición en atletas con anomalías cardiovasculares3. En él, se incorpora una estratificación por complejidad (baja-intermedia frente a alta) y se desarrolla de forma más extensa el apartado de anomalías coronarias congénitas, causa relevante de muerte súbita en deportistas jóvenes.
Por tanto, ambos enfoques persiguen promover la actividad física en pacientes con CC de forma segura. Sin embargo, mientras el modelo americano parte del defecto anatómico como eje central de decisión, el europeo prioriza la caracterización fisiológica individual. En la práctica clínica, estas diferencias pueden traducirse en recomendaciones distintas para un mismo paciente, lo que subraya la necesidad de integrar anatomía, fisiología, contexto competitivo y preferencias individuales en una misma valoración.
Como conclusión, hoy en día la cuestión ya no se trata de si los pacientes con cardiopatía congénita deben hacer ejercicio, lo cual es evidente, sino cómo permitir su participación segura en el deporte de competición de manera personalizada. La evidencia científica sigue siendo limitada y la mayoría de las recomendaciones se sustentan en consenso experto. En este escenario de incertidumbre relativa, la toma de decisiones compartida con el paciente y su entorno adquiere un papel central.
El clínico debe informar con claridad sobre riesgos y beneficios potenciales, integrar datos anatómicos y funcionales, y establecer un seguimiento periódico, especialmente en defectos de mayor complejidad. Más que aplicar algoritmos de forma rígida, el reto actual consiste en ofrecer una prescripción individualizada que permita maximizar los beneficios del deporte minimizando el riesgo, en una población cada vez más numerosa y activa.
Referencia
- Shibbani K, Abdulkarim A, Budts W, et al.
- J Am Coll Cardiol. 2024 Feb 20;83(7):772-782. doi: 10.1016/j.jacc.2023.10.037. PMID: 38355248.
Bibliografía
- Budts W, Pieles GE, Roos-Hesselink JW, et al. Recommendations for participation in competitive sport in adolescent and adult athletes with Congenital Heart Disease (CHD): position statement of the Sports Cardiology & Exercise Section of the European Association of Preventive Cardiology (EAPC), the European Society of Cardiology (ESC) Working Group on Adult Congenital Heart Disease and the Sports Cardiology, Physical Activity and Prevention Working Group of the Association for European Paediatric and Congenital Cardiology (AEPC). Eur Heart J. 2020 Nov 14;41(43):4191-4199. doi: 10.1093/eurheartj/ehaa501. PMID: 32845299.
- Maron BJ, Udelson JE, Bonow RO, et al. Eligibility and Disqualification Recommendations for Competitive Athletes With Cardiovascular Abnormalities: Task Force 3: Hypertrophic Cardiomyopathy, Arrhythmogenic Right Ventricular Cardiomyopathy and Other Cardiomyopathies, and Myocarditis: A Scientific Statement From the American Heart Association and American College of Cardiology. Circulation. 2015 Dec 1;132(22):e273-80. doi: 10.1161/CIR.0000000000000239. Epub 2015 Nov 2. PMID: 26621644.
- Kim JH, Baggish AL, Levine BD, et al. Clinical Considerations for Competitive Sports Participation for Athletes With Cardiovascular Abnormalities: A Scientific Statement From the American Heart Association and American College of Cardiology. J Am Coll Cardiol. 2025 Mar 18;85(10):1059-1108. doi: 10.1016/j.jacc.2024.12.025. Epub 2025 Feb 20. PMID: 39976316; PMCID: PMC12145891.




