La evidencia que apoya la prescripción del betabloqueante tras el infarto agudo de miocardio fue establecida antes de la introducción de la estrategia moderna de reperfusión y las estrategias de prevención secundaria.
El estudio BETAMI-DANBLOCK recientemente publicado en el congreso de la European Society of Cardiology (ESC Congress 2025), se trata de un estudio abierto y aleatorizado con cegamiento de los evaluadores, que se realizó en 44 centros de Dinamarca y Noruega. Se asignaron pacientes que habían tenido un infarto agudo de miocardio y que presentaron fracción de eyección del ventrículo izquierdo de al menos 40%, en una ratio 1:1, a recibir terapia de betabloqueante a largo plazo en los primeros 14 días tras el evento o a no recibirlo.
El objetivo principal fue el combinado de muerte por cualquier causa o evento adverso cardiovascular mayor (nuevo infarto de miocardio, revascularización coronaria no programada, ictus isquémico, insuficiencia cardiaca o arritmias ventriculares malignas).
Un total de 5.574 pacientes fueron aleatorizados e incluidos en el análisis principal, 2.783 en el grupo de betabloqueante y 2.791 en el grupo de no betabloqueante. Tras una mediana de seguimiento de 3,5 años (rango intercuartílico 2,2 a 4,6), se presentaron un total de 394 eventos (14,2%) en el grupo de betabloqueante y de 454 eventos (16,3%) en el grupo de no betabloqueante (hazard ratio de 0,85; intervalo de confianza del 95% [IC 95%]: de 0,75-0,98; p=0,03). La mortalidad por cualquier causa fue del 4,2% en el grupo de betabloqueante y del 4,4% en el grupo de no betabloqueante; la tasa de nuevo infarto de miocardio fue del 5,0% y del 6,7%, respectivamente (hazard ratio de 0,73; IC 95%: 0,59-0,92); la revascularización coronaria no programada fue del 3,9% y 3,9%; la de ictus isquémico del 1,6% y 1,3%; la de insuficiencia cardiaca de 1,5% y 1,9%; y la de arritmias malignas de 0,5% y 0,6%. No se encontraron diferencias entre los grupos en las variables de seguridad.
Comentario
En este nuevo estudio que pretende esclarecer la indicación del betabloqueante tras el infarto agudo de miocardio en pacientes con FEVI conservada o ligeramente reducida, se aportan resultados que apoyan el uso del betabloqueante. Sin embargo, lejos de zanjar este recurrente tema, estos resultados reabren aún más el debate sobre esta indicación especialmente al haber sido presentado en la misma sesión que el estudio REBOOT-CNIC, realizado en España e Italia y que aportó conclusiones opuestas en una población con (a priori) similares características basales.
Estos hallazgos llaman notablemente la atención, ya que, más allá del origen geográfico de los pacientes y de algún matiz en los criterios de inclusión (en el REBOOT-CNIC solo se incluyeron pacientes con Killip I), las poblaciones de ambos estudios son bastante solapables. Por ello, no podemos evitar preguntarnos: ¿son suficientes estas diferencias para explicar los distintos resultados entre ambos estudios?
Ante esta situación de incertidumbre, sí podemos encontrar al menos una respuesta clara. Y es que si bien en ambos estudios parecía haber una tendencia no significativa al beneficio del betabloqueante en pacientes con FEVI ligeramente reducida, el metaanálisis de Roselló X, et al (‘β blockers after myocardial infarction with mildly reduced ejection fraction: an individual patient data meta-analysis of randomised controlled trials’. The Lancet, 2025; published online August 30) que fue presentado en la misma sesión, zanjó el debate a favor del betabloqueante en este grupo de pacientes.
Si nos fijamos específicamente en este subgrupo con FEVI <50%, vemos que en el BETAMI-DANBLOCK estos representaron un 15,3% de la muestra, por un 11,6% en el REBOOT-CNIC. Ahondando más en las particularidades de la muestra, observamos que los pacientes del BETAMI-DANBLOCK presentaron una tasa de enfermedad multivaso del 31,9% y una tasa de no revascularización del 6,2%; por el contrario, en el REBOOT-CNIC estas tasas fueron del 25,9% y del 4,7% respectivamente. Asimismo, mientras la tasa de eventos en el seguimiento en el BETAMI-DANBLOCK fue del 15,2%, en el REBOOT-CNIC fue del 7,1%. Teniendo todos estos datos en consideración, podríamos pensar que las diferencias observadas entre ambos estudios pueden deberse en parte a la selección de una muestra con mayor comorbilidad y mayor tasa de eventos en la cohorte BETAMI-DANBLOCK.
En cualquier caso y en lo personal, considero que tenemos una gran suerte de contar con semejantes estudios de gran calidad y que abordan una condición muy prevalente entre los pacientes de cardiología cuya evidencia había sido limitada hasta el momento. Sin duda, en conjunto arrojan luz sobre el grupo de pacientes de FEVI ligeramente reducida. Asimismo, los resultados del BETAMI-DANBLOCK sugieren un probable beneficio del betabloqueante en los pacientes con FEVI >40% tras un infarto agudo de miocardio, especialmente en aquellos con mayor comorbilidad y riesgo de reinfartos.
Referencia
Beta-blockers after myocardial infarction in patients without heart failure
- J. Munkhaugen, A.M.D. Kristensen, S. Halvorsen, T. Holmager, M.H. Olsen, A. Bakken, T.S.G. Sehested, V. Ruddox, M. Mæng, K. Vikenes, S.E. Jensen, T. Steigen, J. Lambrechtsen, J. Jortveit, A. Bovin, H. Schirmer, M.K. Christiansen, R. Wiseth, D. Mikkelsen, A.I. Larsen, C.L. Kjærgaard, K. Andresen, I. Gustafsson, V. Tuseth, M.L. Larsen, P.S. Deeg, K. Veien, E. Bøhmer, H.E. Bøtker, A.O. Brattrud, J. Brønnum‑Schou, A.-Å.R. Pettersen, L.E. Bang, E. Øie, T. Engstrøm, E.B. Borg, K. Kristensen, S.H. Nymo, G. Gislason, N.T. Vethe, J.A.M. Abdulla, T. Dammen, M.R. Mouridsen, B. Bendz, M.L.N. Bertelsen, J.D. Hove, L. Schierbeck, M. Snoer, C. Davidsen, G. Egholm, K.K. Thomsen, G. Jadou, M. Poenaru, N.T. Krarup, M. Böttcher, P.B. Stæhr, A.-D. Zwisler, T. Edvardsen, C. Torp‑Pedersen, J.E. Otterstad, T. Lange, M.W. Fagerland, D. Atar, and E. Prescott.
- N Engl J Med, 2025; published online August 30. Doi: 10.1056/NEJMoa2505985.



