Son varios los trabajos en la literatura que han evaluado el papel de la ablación quirúrgica de Fibrilación Auricular (FA) concomitantemente con la cirugía mitral, y la conclusión global es que dichos procedimientos son eficaces, seguros y con un pequeño coste en prolongación del tiempo de la cirugía, lo que ha llevado a una amplia difusión de su empleo (llegando hasta un 60% de los pacientes sometidos a cirugías mitrales en Norteamérica). Sin embargo, la mayor parte de la evidencia disponible hasta la fecha viene de pequeños estudios, generalmente unicéntricos y no randomizados, sin evaluaciones rigurosas de su efectividad y seguridad.

Es bien conocido que, pese a que la fibrilación auricular persistente representa la arritmia índice en un número creciente de pacientes sometidos a ablación percutánea de la fibrilación auricular, los resultados son sensiblemente inferiores a los obtenidos en pacientes con las formas paroxísticas de la arritmia, incluso en los centros más experimentados. Además, e independientemente de la técnica utilizada, el número de procedimientos por paciente para conseguir los objetivos predeterminados, es considerablemente superior.

El síndrome de Brugada es una canalopatía cardiaca relacionada con el canal de sodio y determinada genéticamente mediante herencia autosómica dominante con expresividad variable, caracterizada por un patrón electrocardiográfico característico (patrón tipo 1 de Brugada) en las derivaciones V1 o/y V2 y que se asocia a un riesgo aumentado de arritmias ventriculares malignas y en cuya patogénesis juega un papel clave la reducción en la corriente de entrada. Pese a que se describen también otros dos patrones de Brugada, el tipo 2 y el tipo 3, ninguno de ellos es diagnóstico de la enfermedad.

Son muchos los criterios que, a lo largo de los años, se han desarrollado y publicado tratando de diferenciar las taquicardias ventriculares (TV) de las supraventriculares (TSV) detectadas por un DAI. De hecho, muchos de esos criterios se han ido progresivamente implementando en los criterios diagnósticos del DAI, siempre intentando incrementar la especificidad del diagnóstico, para evitar terapias inapropiadas sobre TSVs (especialmente taquicardias auriculares y fibrilación auricular – TA/FA), manteniendo una sensibilidad lo más cercana al 100%, para evitar no tratar aquellas taquicardias (TV) que realmente sí lo necesitan.

El patrón electrocardiográfico de repolarización precoz se caracteriza por una elevación del punto J, que identifica la unión entre el complejo QRS y el segmento ST, y cuya manifestación electrocardiográficoa puede ser en forma de muesca o empastamiento de la porción terminal del QRS. Dicho patrón representa un hallazgo en la práctica clínica diaria relativamente común, habiéndose estimado una prevalencia en la población general de hasta el 13%, siendo especialmente prevalerte en varones jóvenes y descendentes de sujetos de origen africano.

A pesar de lo atípico que pueda parecer hablar de dos artículos de diferentes autores y no referidos uno al otro en el mismo comentario del blog, dada la similitud del tema tratado hemos decidido incluir un comentario común con los hallazgos más relevantes de ambos estudios.

En la actualidad, las guías de práctica clínica establecen que el aislamiento eléctrico de las venas pulmonares, constituye el objetivo fundamental cuando se planea un primer procedimiento de ablación percutánea de fibrilación auricular persistente, al igual que en las formas paroxísticas. La realización de líneas de ablación adicionales, ablación de potenciales fragmentados, ablación de regiones con frecuencias dominantes, etc, no está firmemente establecida y carece de consenso científico por lo que no se considera primordial ni indicado como objetivo primario del procedimiento.

A pesar de la larga historia de uso de la digoxina, son pocos los trabajos de calidad y suficiente volumen que han evaluado su seguridad y efectividad a largo plazo. Siendo esto cierto, a lo largo de los últimos años han aparecido algunos trabajos que hablan de una posible relación de la digoxina con la mortalidad en pacientes en FA, con resultados, cuando menos, controvertidos.

Que la función sistólica ventricular izquierda mejora de forma sustancial en una considerable proporción de pacientes que reciben terapia de resincronización cardiaca, es una realidad clínica fuera de toda duda. Una importante proporción de pacientes que reciben tal terapia, por tener en el momento del implante una fracción de eyección severamente deprimida que les pone en riesgo sufrir arritmias ventriculares malignas (o bien por haberlas ya presentado), reciben además un desfibrilador en el mismo dispositivo.

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