Hasta la fecha, el desfibrilador implantable es la única terapia establecida para proteger al paciente con Sd. de Brugada de alto riesgo tanto en prevención primaria como secundaria. Para pacientes con arritmias ventriculares repetidas, una potencial opción farmacológica para evitar o reducir descargas del desfibrilador, la constituye la administración crónica de quinidina, y además existen datos iniciales provocadores sobre el uso de la ablación con catéter en el tracto de salida ventricular derecho para eliminar el sustrato arrítmico. La experiencia nacional en España con el uso de quinidina en este contexto, se describe en el estudio de Anguera y colaboradores.

El flúter auricular típico o común, es una arritmia de mecanismo bien conocido y relativamente frecuente en la práctica clínica. La primera descripción electrocardiográfica se remonta al año 1910, y en ya en el año 1920 se describía que al flúter auricular como una gran onda de contracción auricular en la aurícula derecha girando de forma ininterrumpida alrededor de la válvula tricúspide.

La ablación de TV en la Miocardiopatía arritmogénica de ventrículo derecho (MAVD) y en la Miocardiopatía no Isquémica (MDNI) es compleja y asociada a peores resultados que esa misma ablación en pacientes con cardiopatía isquémica. Una de las grandes limitaciones de la ablación de taquicardias ventriculares es la recurrencia de las mismas tras el procedimiento, que se incrementa cuanto mayor sea el tiempo de seguimiento.

El desfibrilador implantable ha demostrado ser una terapia eficaz para reducir la mortalidad de pacientes con cardiopatía estructural que han presentado arritmias potencialmente letales. Sin embargo, dicha terapia per se no evita la aparición de nuevas arritmias, algo nada infrecuente, lo que hace que de forma habitual los pacientes requieran tratamientos híbridos en los que entran en escena los fármacos antiarrítmicos y la ablación con catéter.

Estudios randomizados publicados hasta la fecha han demostrado la efectividad y seguridad de la ablación de TV en la cardiopatía isquémica, reduciendo la recurrencia de TV, las descargas del DAI, las hospitalizaciones y mejorando, en definitiva, la calidad de vida. Sin embargo, hasta la fecha, no ha habido una demostración concluyente de reducción de mortalidad (el SMASH-VT mostró una tendencia hacia una mejoría de superviviencia con la ablación).

A pesar de la recomendación de las guías acerca de la implantación de un DAI como prevención secundaria en pacientes con enfermedad coronaria y TV monomorfa sostenida, los principales estudios de DAI han excluido pacientes con TV hemodinámicamente estable y FEVI >40%. Actualmente, la ablación de TV en pacientes coronarios está ampliamente aceptada y recomendada como tratamiento adyuvante a la implantación del DAI, reduciendo significativamente el riesgo de recurrencias. Publicaciones recientes han mostrado que la ablación de TV sin la implantación de DAI podría ser razonable en pacientes seleccionados postIAM con una baja incidencia de muerte súbita en el seguimiento.

 

Las complicaciones relacionadas con el implante de marcapasos definitivos siguen siendo significativas, estando especialmente en relación con los cables endovasculares y la bolsa para el generador. En un intento de reducir las complicaciones, se han desarrollado sistemas de marcapasos sin cables de un solo componente, en el que generador y cable están integrados en una única unidad, lo que elimina los riesgos relacionados con cables, bolsa del generador o conexiones. Hasta la fecha se dispone de dos dispositivos de estimulación sin cables, el marcapasos Nanostim (St. Jude Medical) y el marcapasos Micra (Medtronic).

A pesar de repetidos trabajos evaluando meticulosamente el ECG en taquicardias de QRS ancho en las últimas décadas, su diagnóstico diferencial (supraventricular-TSV vs ventricular-TV) sigue siendo un reto. Los autores se plantean comparar dos algoritmos basados en criterios ECG para diferenciar TV de TSV, ambos en 4 pasos, el de Brugada et al. (empleando derivaciones del plano horizontal, las precordiales) y el de Vereckei et al. (derivaciones de plano frontal, refinado posteriormente a específicamente aVR), manteniendo el estudio electrofisiológico (EEF) como el gold standard para el diagnóstico final.

La ablación con catéter en la fibrilación auricular, y muy especialmente en la fibrilación auricular paroxística, ha demostrado ser un tratamiento eficaz y relativamente seguro para conseguir mantener el ritmo sinusal de forma estable, habiendo demostrado en diversos estudios ser muy superior en este objetivo al uso de fármacos antiarrítmicos. Los resultados de multitud de estudios observacionales y de un buen número de estudios prospectivos multicéntricos aleatorizados, han llevado a posicionar a la ablación con catéter en un lugar de privilegio dentro de las recomendaciones de las guías de práctica clínica actuales. Así, hoy se considera que en pacientes con fibrilación auricular sintomática refractaria a un fármaco antiarrítmico o con intolerancia a éstos, la ablación con catéter de la fibrilación auricular tiene una indicación de tipo I con nivel de evidencia A, el máximo nivel de indicación.